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CapricornioMono
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MensajeAsunto: Re: Gigantomachia español   Vie Nov 16, 2007 4:49 pm

6

Agrios
y Thoas convulsionan, en pie, después de que sus armaduras de Adamas
fueron perforadas. Mei , que ahora es Typhon, perforó con sus puños
fortalecidos el abdomen de los Gigas, arrancando sus vísceras con
vigor. Sus órganos están expuestos y son expulsados enseguida por la
presión interna del organismo para, finalmente, esparcirse por el
suelo. Los dos caen y la sangre de sus heridas va siendo absorbida por
el piso del templo subterráneo.

Un estruendo estremece la enorme caverna. La redoma de Flegra pulsa con un nuevo flojo colosal de Cosmo.

- Siento que falta – Protesta aún Typhon, de las profundidades del abismo infernal.

Enkelados se curva ante las palabras del dios.
Aunque
se está ahogando en la poza formada por sus propias vísceras, con el
rostro totalmente desfigurado por el dolor. Agrios y Thoas hacen una
especia de plegaria a Typhon.

- Que el sacrificio sea hecho. El
poco de fuerza que tengo ahora no es suficiente para derrotar a Athena.
Ofrézcanme todo lo que puedan. Sáquenme de las profundidades del vacío.
Ofrézcanme – Typhon se impone por el temor.

Los Gigas, ya
condenados, dan su última muestra de lealtad, incendiando su Cosmo en
el momento final de sus vidas en ofrenda a su dios. Los Cosmos de
Agrios, la Fuerza Brutal y Thoas, el Relámpago Veloz son devorados por
Mei, ahora Typhon.

- Sumo sacerdote... – Continua el impetuoso dios.
-
Ofréceme tu cuerpo carnal de mi hermano más viejo. El Cosmo flameante
de mis hermanos podrá destrozar por dentro este cuerpo frágil de ser
humano.
- Como usted quiera – Enkelados no titubea, completamente dominado por “temor”.
-
Ofréceme! – Typhon lanza un rayo en dirección al sumo sacerdote de los
Gigas. Enkelados, la Voz Sellada. Se entrega totalmente el alma
reprimida por las palabras del dios, volviéndose literalmente un muñeco
con una mascara demoníaca: mirada turbada, postura indecisa.

Un
viento repleto de malos presagios causa escalofríos en los Santos. El
halo va dejando el cuerpo frágil de Mei, formando un aura flameante que
se separa de la figura humana, Typhon: Origen semántico de “tifón”:
Señor de todos los vientos malignos.

- Typhon – Dice una voz

La voluntad divina de los Gigas se detiene a medio camino, antes de ser transferida para el cuerpo de Enkelados.

- Quién pronuncia mi nombre?
- Soy yo.
- Mei! – Grita Athena.

Hasta
ahora un títere de Typhon. Mei pasa por una evidente transformación.
Sus cabellos recuperan el color plateado, el brillo turbio y flameante
de esa su mirada y los labios transmiten las palabras de vondad como
debería ser.

- Saori...
- Mei? – Athena es como una humana, entre la desesperación y la alegría de certificar que es el mismo el que está aquí.
-
Hay que ver. Reviente mi cuerpo con ese báculo y llévese junto a ese
dios maldito – Pide Mei, luchando para mantener el control sobre sus
palabras.
- Pero...
- No lo piense dos veces!! Este es el único
momento en que usted puede hacer eso... Rápido, antes que Typhon deje
este cuerpo de una vez. Usted... es la Athena viva, no es así? – Es el
Cosmo de Mei que suplica a la guerrera protectora de la Tierra, una voz
apagada por el dolor, un hilo de vida que se puede perder en cualquier
momento.
- Entiendo. Mientras comencé el proceso de transferencia
para el cuerpo de mi hermano, el alma humana de este cuerpo se reveló,
cosiendo los rasgos de dominación impuesta por mi voluntad.
- Yo no soy una marioneta, Typhon! Yo soy Mei, un Santo de Athena...
-
Ahora, fue gracias a tu presencia frívola delante de mi mientras yo aún
estaba sellado, el frágil humano, que un pequeño pedazo de mi poder
surgió en los días de hoy.
- Cierra la boca!! – Mei agarra sus
propios hombros con las manos manchadas de sangre, intentando impedir
que la voluntad de Typhon escape completamente. El dios, agitándose en
el interior del halo, parcialmente liberado, se voltea hacia Athena.
- Me vas a atacar con ese bastón de oro?
-
Todo lo que haces es esparcir temor con ese vendaval enloquecido – la
voz de Athena vuelve a sonar altiva como la de una diosa – No pasa de
una fiera demoníaca hambrienta. Lo que podría querer resurgiendo en los
días de hoy? Una voluntad pervertida como la tuya solo estaría
satisfecha destruyendo la Tierra y después, por fin, a ti mismo!
-
Dónde está la morada de los Gigas, que me adoran y me protegen? –
Pregunta Typhon – Dónde nosotros, Gigas, podremos establecernos en paz?
Quiere decir que solo tenemos la prisión en el vacío entre Gaia y
Tártaro, de donde ni la misma luz puede escapar? Ahora, tú, meretriz
ordinaria! Posando de protectora de la Tierra! – La voluntad de Typhon
se confunde con la de los Gigas sacrificados, creando un caos en su
Cosmo.

Una sombra pasa volando. Garras cortan la carne.

-
Quirri! – Pallas, el Espíritu Estúpido, que permanecía oculto hasta
ahora, corta con ímpetu los costados de Mei. La sangre brota como una
bola de lodo, escurriendo para el suelo. El cuerpo del joven se inclina
pesadamente.

En ese mismo instante, la voluntad de Typhon
brilla, radiante, transfiriéndose al cuerpo de Enkelados. El dios toma
para si las energías de los Gigas, uniendo a ellas todos los fragmentos
de Cosmo acumulados en la redoma de Flegra, creando así un remolino de
luz. La mascara demoníaca de Enkelados cae de su rostro, despertándose
en el suelo. Su traje sacerdotal se reduce a polvo, perdiéndose en el
aire. En su lugar, rompiendo la piel de adentro para afuera, surge una
nueva armadura de Adamas, dotada de un brillo ónix nunca antes visto.

El
dios está ahora en un cuerpo poderoso. El señor de los Gigas, devorador
de sacrificios y maestro de los vientos de malos presagios, finalmente
se revela. La nueva imagen de Typhon es totalmente asimétrica. El lado
derecho lleva llamas infinitas. En el lado izquierdo, un viento vaga
sin rumbo. Los colores de los ojos, los cabellos, la piel, el propio
formato del Adamas, todo es diametralmente opuesto a partir de una
línea imaginaria vertical en el centro de su cuerpo.

El nuevo
Typhon es ciertamente bello. Su figura física y su voz son bellas, así
como las llamas que brotan del arco-iris al ojo derecho. Relámpagos
blanco-azulados son lanzados de cada uno de los poros de su piel en el
lado izquierdo.

- Athena. Siempre justificas tus luchas con la
auto-afirmación de que tus combates son en pos de la “justicia” y
escondiendo tus masacres sobre la justificación de “Guerras Santas” –
El dios de los Gigas sabe que Athena y sus Santos libran perpetuamente
un conflicto moral frente a la contradicción de batallar con violencia
a fin de proteger el amor y la paz en la Tierra.
- Calla – Athena
está incomodada, pero mantiene su postura firme – Es que acaso los
Gigas tienen alguna “justicia” a la altura de mi voluntad?
- Estás
errada. No es ese el punto que debemos confrontar. El peor crimen que
existe es relegar el hecho del olvido. Athena, será que olvidaste hasta
el mismo motivo por el cual luchamos? La batalla entre los Gigas y los
humanos. En caso de que lo hayas olvidado, te refrescare la memoria.
Esta no es una Guerra Santa: Es una Gigantomaquia, una lucha contra
gigantes – Las palabras de Typhon alcanzan a Athena como un rayo,
despertando su memoria – Esta es una batalla primitiva, la más
primordial de las disputas. Es una lucha de supervivencia. Ninguno
puede impedirla – Proclama el dios de los Gigas – Y tú, Mei, frágil
marioneta, ya eres mío.

Typhon abre largamente los brazos. Mei no consigue moverse, seriamente herido por las garras de Pallas.

-
Te voy a devorar aquí mismo – La voz de Typhon hace eco, amenazadora.
Pero, en el momento en que sus puños de fuego y viento agorero se
levantan. Athena lanza su bastón de oro. A la altura de la cabeza de
Mei. El Cosmo de los dioses chocan. Los ataques son anulados, uno
reduciendo el poder del otro a un nivel mínimo.

Del espacio
vacío surge una caja adornada con estrellas del firmamento. No es de
oro, de plata o de bronce, es simplemente negra como la noche.

Typhon empieza a recordar algo antiguo.

- Cuál de las 88 constelaciones está simbolizada en este relieve? – Se pregunta en pensamiento.
- Te lo dije, Typhon – Mei recupera la voz milagrosamente – No soy una marioneta. Soy un Santo de Athena!

Con
eso, la caja se abre en el aire, revelando una Cloth brillante, que
absorbe para si misma toda la luz alrededor. La estatua de la
constelación de Mei comienza a tomar forma: Una mujer, de lado. Sus
largos cabellos se ondulan con un breve centelleo que recuerda la
imagen de una lámina brillando. La figura toda negra se desprende
entonces, adhiriéndose al cuerpo de Mei.

Typhon consigue
finalmente traer el recuerdo del nombre de la constelación, que
permanecía lacrada junto con su voluntad desde tiempos inmemoriables:

- Eres tú, Santo de Cabellera de Berenice

Mei
lanza un ataque que proyecta la barbilla desprotegida de Typhon en el
aire, lanzando al dios de los Gigas con fuerza para atrás, Typhon
escupe sangre. Su mandíbula poderosa es cortada en medio.

-
Yo... Santo de Athena...? – Percibe Mei, usando lo poco que le resta de
Cosmo. Es un breve momento de felicidad, antes que el se tumbe para
adelante, agotado, perdiendo los sentidos.
- De hecho, admito que no
recuperé a plenitud mis fuerzas – Refunfuña Typhon, tocándose la
barbilla con un aire de preocupación. Lanza entonces su mano derecha
contra el suelo, golpeando con vigor el piso, que se parte en dos. Lava
se levanta con estruendo, formando una columna de fuego.

Un
sonido estremecedor resuena por toda la gran ruta. Rocas se desprenden
de las paredes, cayendo como una lluvia de meteoros. La columna de
fuego de Typhon alcanza el techo de la caverna y atraviesa la barrera
de piedra, llegando hasta la superficie.

- No tendrá sentido
registrar esta batalla en la historia – Typhon, envuelto en una columna
de fuego, se aleja lenta y soberanamente.

El magma ardiente comienza a vaciarse de las hendiduras dejadas en la tierra.

- Tienes la obligación de luchar y matarme. Y yo tengo la obligación de luchar y matarte.

El monte Etna, la piedra angular del sello que retenía a los Gigas, desaparece en medio de la lava y la destrucción.

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MensajeAsunto: Re: Gigantomachia español   Vie Nov 16, 2007 4:50 pm

INTERRUPCIÓN

- Voy a contar la historia de Mei.

En el Santuario, Nicole relata los acontecimientos para Shun, Hyôga, Seiya y Kiki.

-
Fue un poco antes de la “Revuelta de Saga” – Comienza – Mei estaba
entrenando en Sicilia, cuando, por lo menos hasta donde yo sé, su
maestro ordenó una prueba final para que él conquistase la calificación
para Santo.
- Hey! – Interrumpe Seiya – Eso quiere decir que, en la
época en que nos volvimos SANTOS, Mei también estaba en periodo final
de su entrenamiento? – El Santo de Pegaso aún no está completamente
recuperado de las heridas de la espalda.
- Mei dice que había perdido el derecho de volverse Santo cuando su maestro fue muerto en la Revuelta de Saga... – Dice Shun.
-
Creo que estaba mintiendo – Responde Nicole, con tristeza – Mei ya era
una marioneta de Typhon en el primer momento en que apareció delante de
nosotros. Aparentemente, él comenzó a trabajar como informante del
Santuario después de la Revuelta de Saga. En esa época, era uno entre
muchos soldados rasos y yo no lo conocía personalmente. Solo ya
recientemente como coordinador de agentes secretos, es que terminé
sabiendo que él estaba en Sicilia.
- Pero en que consistía tal prueba?
- Conseguir, con sus propias fuerzas, una prueba de que era un Santo
- Que dice, una Cloth?
- Había un traje sagrado lacrado juntamente con los Gigas en aquel templo subterráneo del monte Etna.
- Nuestra, desde le época de la Gigantomaquia?
- Probablemente.
- Entonces la Cloth de la constelación de Cabellera estaba sin portador?
-
Es lo que dicen los libros históricos del Santuario. Como ustedes
saben, poquísimas personas tienen permiso para redactar y consultar
esos libros. Además de Athena y el Papa, apenas algunos oficiales.
Actualmente seríamos Yulij y yo.

La oficial auxiliar Yulij,
rescatada conjuntamente con Seiya por Athena, está en UVI ( Unidad de
Cuidados Intensivos) de un hospital de la Fundación Graad, viva, a
pesar de una fractura craneana – Tal vez gracias a la protección de su
constelación protectora.

- Yo no sabía que ese traje existiera... Como el maestro de Mei lo sabía? – Pregunta Seiya.
-
Bueno, el maestro de Mei... – Nicole para por un instante, como con
miedo de continuar - ... era uno de los Santos perversos que se aliaron
a Saga de Géminis con la intención de ejecutar a Athena. Es probable,
por eso, que él quería que su discípulo se volviera un Santo para que
lo ayudara en la lucha contra Athena.
- Entonces tiene sentido –
Comprende Seiya – En aquella época Saga ocupaba el cargo de Papa del
Santuario, lo que explica como él supo de esa Cloth sellada.
- Saga necesitaba de fuerza para enfrentar a Athena.
-
Prosigue Nicole – Como estaba dominado por voluntades malignas, él
tenía una sed incontenible de poder. Por eso, violó uno de los secretos
más profundos del Santuario. Traicionó las prohibiciones e intentó
romper el sello de la Cloth protegida en el templo.
- Mei sabe de eso? – Pregunta Shun.
-
Mei no tenía la menor idea de las intenciones de su maestro o de su
relación con Saga. Él ciertamente creía completamente que se trataba de
su desafío final para volverse Santo. Pero, al conseguir penetrar el
templo subterráneo, Mei fue dominado por la voluntad de Typhon, pasando
pro una especie de lavado cerebral parcial... – Nicole hace una nueva
pausa – Lo que ocurrió después es suposición mía. Creo que Typhon trajo
a los guerreros Giga de vuelta a la vida a través de Mei. La verdad, el
Orestes enmascarado que nos atacó a Shun y a mí en el teatro de la
Acrópolis era Mei, que debería haber invadido el Santuario luego para
secuestrar a Yulij.
- Entonces aquel era Mei...

Seiya y Shun recuerdan claramente la figura de su “enemigo” y de su olor de animal salvaje.

-
Nadie podría imaginar que Typhon intentaría usar la sangre de Santos en
sacrificio – explica Nicole – Estaría acumulando Cosmo a través de una
redoma de fuerza, a fin de reunir fuerza suficiente para romper el
Sello de Athena.
- Que era aquel traje sagrado que Mei usó?
- Pregunta Hyôga, que había permanecido callado hasta ahora. Y, percibiendo que Nicole vacila en responder:
- Oficial mayor. Por lo que dice, aquel traje negro parece ser muy especial.
- Sobre ese asunto... Athena irá a hablar, en un momento o más tarde – Declara Nicole en un tono misterioso.
-
Ah, que gracia!! – Grita Seiya – Ya hace diez días que Typhon
desapareció en aquella erupción. La cosa fue tan fea que el propio Etna
voló por los aires. Solo conseguimos huir de allá porque Athena nos
salvó, y...
- Los heridos no se deben exaltar, Seiya.

Felizmente
la enorme explosión no trajo muchas víctimas, una vez que la población
ya había sido evacuada del área, alcanzando solamente los equipos del
ejército que patrullaban la región. La nube de cenizas volcánicas
alcanzó la estratosfera y aún cubre el cielo de Grecia.

- La
vida de millones de personas está amenazada – Argumenta Shun – Si esa
tragedia es fruto del poder de Typhon, nadie puede saber lo que podrá
hacer en el futuro.
- Presten atención – Nicole asume una expresión
más seria que nunca – La batalla contra los Gigas que está por comenzar
tiene un significado totalmente diferente de todas las otras que
ustedes ya libraron. Antes que nada, que son los Gigas? En esos días
que pasaron, procuré investigar la respuesta en los libros históricos.
Descubrí que, antes de que los Gigas fueran exiliados en las
profundidades del vacío entre la Tierra y el Mundo de los muertos, ya
había Athena sobre la Tierra, Poseidón en los mares y Hades en el
infierno. Bajo el liderazgo de Zeus en los Cielos, los dioses dominaban
los tres mundos. Poseidón y Hades se envolvieron en innumerables
guerras contra Athena, para conquistar la Tierra. Nosotros, los Santos,
luchamos en muchas y muchas Guerras Santas para defender el amor y la
paz en la Tierra, alejándola de las voluntades malignas y perversas.
-
Señor... – Se entromete Shun – Uno de los Gigas me dijo exactamente la
misma cosa. Y él cuestiono el que los Santos de Athena la defiendan.
- Cuál fue tu respuesta, Shun?
- Las personas inocentes
- Exactamente. Los seres humanos.
- Pero los Gigas... no son humanos? – Shun, Hyôga y Seiya se quedan sin palabras.
-
En el pasado, existía en la Tierra una especie poderosa que, como los
hombres, conquistaron el fuego y comieron del fruto de la sabiduría.
Era una civilización poderosa, así como los dioses que adoraban.
- Esos eran los Gigas?
-
Los humanos y los Gigas son razas hostiles entre sí que jamás pudieron
coexistir. La prueba de eso es que nosotros, humanos, siempre
retratábamos a los gigantes en nuestros mitos como figuras monstruosas
y diabólicas.
- Por eso la batalla primitiva...
- Es la lucha por
la existencia, la batalla de cada especie por su permanencia – Enfatiza
Nicole – Esta no será una Guerra Santa. Ninguno podrá impedirla. Lo que
está por comenzar es una lucha que no se merecerá contar en la
historia. El combate más bajo y rastrero que puede existir, una
ordinaria lucha de muerte por la vida.

En la Sala del Papa, los Santos son envueltos por un pesado silencio.

- Cómo está Mei? – Pregunta Hyôga, en voz baja.

Nicole
se voltea para el fondo de la Sala del Papa, irguiendo los ojos en
dirección del Templo Sagrado, que está más allá de una cortina rojo
bermellón y una pared de piedra.


FIN DEL TOMO 1

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