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Admin Admin
  Edad : 27 Registrado : 20 Ago 2007 Mensajes : 2004 Localización : Mexico
| Asunto: Re: Gigantomachia español Vie Nov 16, 2007 4:49 pm | |
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Agrios y Thoas convulsionan, en pie, después de que sus armaduras de Adamas fueron perforadas. Mei , que ahora es Typhon, perforó con sus puños fortalecidos el abdomen de los Gigas, arrancando sus vísceras con vigor. Sus órganos están expuestos y son expulsados enseguida por la presión interna del organismo para, finalmente, esparcirse por el suelo. Los dos caen y la sangre de sus heridas va siendo absorbida por el piso del templo subterráneo.
Un estruendo estremece la enorme caverna. La redoma de Flegra pulsa con un nuevo flojo colosal de Cosmo.
- Siento que falta – Protesta aún Typhon, de las profundidades del abismo infernal.
Enkelados se curva ante las palabras del dios. Aunque se está ahogando en la poza formada por sus propias vísceras, con el rostro totalmente desfigurado por el dolor. Agrios y Thoas hacen una especia de plegaria a Typhon.
- Que el sacrificio sea hecho. El poco de fuerza que tengo ahora no es suficiente para derrotar a Athena. Ofrézcanme todo lo que puedan. Sáquenme de las profundidades del vacío. Ofrézcanme – Typhon se impone por el temor.
Los Gigas, ya condenados, dan su última muestra de lealtad, incendiando su Cosmo en el momento final de sus vidas en ofrenda a su dios. Los Cosmos de Agrios, la Fuerza Brutal y Thoas, el Relámpago Veloz son devorados por Mei, ahora Typhon.
- Sumo sacerdote... – Continua el impetuoso dios. - Ofréceme tu cuerpo carnal de mi hermano más viejo. El Cosmo flameante de mis hermanos podrá destrozar por dentro este cuerpo frágil de ser humano. - Como usted quiera – Enkelados no titubea, completamente dominado por “temor”. - Ofréceme! – Typhon lanza un rayo en dirección al sumo sacerdote de los Gigas. Enkelados, la Voz Sellada. Se entrega totalmente el alma reprimida por las palabras del dios, volviéndose literalmente un muñeco con una mascara demoníaca: mirada turbada, postura indecisa.
Un viento repleto de malos presagios causa escalofríos en los Santos. El halo va dejando el cuerpo frágil de Mei, formando un aura flameante que se separa de la figura humana, Typhon: Origen semántico de “tifón”: Señor de todos los vientos malignos.
- Typhon – Dice una voz
La voluntad divina de los Gigas se detiene a medio camino, antes de ser transferida para el cuerpo de Enkelados.
- Quién pronuncia mi nombre? - Soy yo. - Mei! – Grita Athena.
Hasta ahora un títere de Typhon. Mei pasa por una evidente transformación. Sus cabellos recuperan el color plateado, el brillo turbio y flameante de esa su mirada y los labios transmiten las palabras de vondad como debería ser.
- Saori... - Mei? – Athena es como una humana, entre la desesperación y la alegría de certificar que es el mismo el que está aquí. - Hay que ver. Reviente mi cuerpo con ese báculo y llévese junto a ese dios maldito – Pide Mei, luchando para mantener el control sobre sus palabras. - Pero... - No lo piense dos veces!! Este es el único momento en que usted puede hacer eso... Rápido, antes que Typhon deje este cuerpo de una vez. Usted... es la Athena viva, no es así? – Es el Cosmo de Mei que suplica a la guerrera protectora de la Tierra, una voz apagada por el dolor, un hilo de vida que se puede perder en cualquier momento. - Entiendo. Mientras comencé el proceso de transferencia para el cuerpo de mi hermano, el alma humana de este cuerpo se reveló, cosiendo los rasgos de dominación impuesta por mi voluntad. - Yo no soy una marioneta, Typhon! Yo soy Mei, un Santo de Athena... - Ahora, fue gracias a tu presencia frívola delante de mi mientras yo aún estaba sellado, el frágil humano, que un pequeño pedazo de mi poder surgió en los días de hoy. - Cierra la boca!! – Mei agarra sus propios hombros con las manos manchadas de sangre, intentando impedir que la voluntad de Typhon escape completamente. El dios, agitándose en el interior del halo, parcialmente liberado, se voltea hacia Athena. - Me vas a atacar con ese bastón de oro? - Todo lo que haces es esparcir temor con ese vendaval enloquecido – la voz de Athena vuelve a sonar altiva como la de una diosa – No pasa de una fiera demoníaca hambrienta. Lo que podría querer resurgiendo en los días de hoy? Una voluntad pervertida como la tuya solo estaría satisfecha destruyendo la Tierra y después, por fin, a ti mismo! - Dónde está la morada de los Gigas, que me adoran y me protegen? – Pregunta Typhon – Dónde nosotros, Gigas, podremos establecernos en paz? Quiere decir que solo tenemos la prisión en el vacío entre Gaia y Tártaro, de donde ni la misma luz puede escapar? Ahora, tú, meretriz ordinaria! Posando de protectora de la Tierra! – La voluntad de Typhon se confunde con la de los Gigas sacrificados, creando un caos en su Cosmo.
Una sombra pasa volando. Garras cortan la carne.
- Quirri! – Pallas, el Espíritu Estúpido, que permanecía oculto hasta ahora, corta con ímpetu los costados de Mei. La sangre brota como una bola de lodo, escurriendo para el suelo. El cuerpo del joven se inclina pesadamente.
En ese mismo instante, la voluntad de Typhon brilla, radiante, transfiriéndose al cuerpo de Enkelados. El dios toma para si las energías de los Gigas, uniendo a ellas todos los fragmentos de Cosmo acumulados en la redoma de Flegra, creando así un remolino de luz. La mascara demoníaca de Enkelados cae de su rostro, despertándose en el suelo. Su traje sacerdotal se reduce a polvo, perdiéndose en el aire. En su lugar, rompiendo la piel de adentro para afuera, surge una nueva armadura de Adamas, dotada de un brillo ónix nunca antes visto.
El dios está ahora en un cuerpo poderoso. El señor de los Gigas, devorador de sacrificios y maestro de los vientos de malos presagios, finalmente se revela. La nueva imagen de Typhon es totalmente asimétrica. El lado derecho lleva llamas infinitas. En el lado izquierdo, un viento vaga sin rumbo. Los colores de los ojos, los cabellos, la piel, el propio formato del Adamas, todo es diametralmente opuesto a partir de una línea imaginaria vertical en el centro de su cuerpo.
El nuevo Typhon es ciertamente bello. Su figura física y su voz son bellas, así como las llamas que brotan del arco-iris al ojo derecho. Relámpagos blanco-azulados son lanzados de cada uno de los poros de su piel en el lado izquierdo.
- Athena. Siempre justificas tus luchas con la auto-afirmación de que tus combates son en pos de la “justicia” y escondiendo tus masacres sobre la justificación de “Guerras Santas” – El dios de los Gigas sabe que Athena y sus Santos libran perpetuamente un conflicto moral frente a la contradicción de batallar con violencia a fin de proteger el amor y la paz en la Tierra. - Calla – Athena está incomodada, pero mantiene su postura firme – Es que acaso los Gigas tienen alguna “justicia” a la altura de mi voluntad? - Estás errada. No es ese el punto que debemos confrontar. El peor crimen que existe es relegar el hecho del olvido. Athena, será que olvidaste hasta el mismo motivo por el cual luchamos? La batalla entre los Gigas y los humanos. En caso de que lo hayas olvidado, te refrescare la memoria. Esta no es una Guerra Santa: Es una Gigantomaquia, una lucha contra gigantes – Las palabras de Typhon alcanzan a Athena como un rayo, despertando su memoria – Esta es una batalla primitiva, la más primordial de las disputas. Es una lucha de supervivencia. Ninguno puede impedirla – Proclama el dios de los Gigas – Y tú, Mei, frágil marioneta, ya eres mío.
Typhon abre largamente los brazos. Mei no consigue moverse, seriamente herido por las garras de Pallas.
- Te voy a devorar aquí mismo – La voz de Typhon hace eco, amenazadora. Pero, en el momento en que sus puños de fuego y viento agorero se levantan. Athena lanza su bastón de oro. A la altura de la cabeza de Mei. El Cosmo de los dioses chocan. Los ataques son anulados, uno reduciendo el poder del otro a un nivel mínimo.
Del espacio vacío surge una caja adornada con estrellas del firmamento. No es de oro, de plata o de bronce, es simplemente negra como la noche.
Typhon empieza a recordar algo antiguo.
- Cuál de las 88 constelaciones está simbolizada en este relieve? – Se pregunta en pensamiento. - Te lo dije, Typhon – Mei recupera la voz milagrosamente – No soy una marioneta. Soy un Santo de Athena!
Con eso, la caja se abre en el aire, revelando una Cloth brillante, que absorbe para si misma toda la luz alrededor. La estatua de la constelación de Mei comienza a tomar forma: Una mujer, de lado. Sus largos cabellos se ondulan con un breve centelleo que recuerda la imagen de una lámina brillando. La figura toda negra se desprende entonces, adhiriéndose al cuerpo de Mei.
Typhon consigue finalmente traer el recuerdo del nombre de la constelación, que permanecía lacrada junto con su voluntad desde tiempos inmemoriables:
- Eres tú, Santo de Cabellera de Berenice
Mei lanza un ataque que proyecta la barbilla desprotegida de Typhon en el aire, lanzando al dios de los Gigas con fuerza para atrás, Typhon escupe sangre. Su mandíbula poderosa es cortada en medio.
- Yo... Santo de Athena...? – Percibe Mei, usando lo poco que le resta de Cosmo. Es un breve momento de felicidad, antes que el se tumbe para adelante, agotado, perdiendo los sentidos. - De hecho, admito que no recuperé a plenitud mis fuerzas – Refunfuña Typhon, tocándose la barbilla con un aire de preocupación. Lanza entonces su mano derecha contra el suelo, golpeando con vigor el piso, que se parte en dos. Lava se levanta con estruendo, formando una columna de fuego.
Un sonido estremecedor resuena por toda la gran ruta. Rocas se desprenden de las paredes, cayendo como una lluvia de meteoros. La columna de fuego de Typhon alcanza el techo de la caverna y atraviesa la barrera de piedra, llegando hasta la superficie.
- No tendrá sentido registrar esta batalla en la historia – Typhon, envuelto en una columna de fuego, se aleja lenta y soberanamente.
El magma ardiente comienza a vaciarse de las hendiduras dejadas en la tierra.
- Tienes la obligación de luchar y matarme. Y yo tengo la obligación de luchar y matarte.
El monte Etna, la piedra angular del sello que retenía a los Gigas, desaparece en medio de la lava y la destrucción. _________________ Creer inteligente al que sabe muchas cosas de memoria es como considerar sabio al que tiene en su casa una gran biblioteca. ------------------------------------------------------------------
Cualquier detalle , sugerencia, duda, ayuda para el juego por favor envialo a saintseiyarol@yahoo.com.mx
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  Edad : 27 Registrado : 20 Ago 2007 Mensajes : 2004 Localización : Mexico
| Asunto: Re: Gigantomachia español Vie Nov 16, 2007 4:50 pm | |
| INTERRUPCIÓN
- Voy a contar la historia de Mei.
En el Santuario, Nicole relata los acontecimientos para Shun, Hyôga, Seiya y Kiki.
- Fue un poco antes de la “Revuelta de Saga” – Comienza – Mei estaba entrenando en Sicilia, cuando, por lo menos hasta donde yo sé, su maestro ordenó una prueba final para que él conquistase la calificación para Santo. - Hey! – Interrumpe Seiya – Eso quiere decir que, en la época en que nos volvimos SANTOS, Mei también estaba en periodo final de su entrenamiento? – El Santo de Pegaso aún no está completamente recuperado de las heridas de la espalda. - Mei dice que había perdido el derecho de volverse Santo cuando su maestro fue muerto en la Revuelta de Saga... – Dice Shun. - Creo que estaba mintiendo – Responde Nicole, con tristeza – Mei ya era una marioneta de Typhon en el primer momento en que apareció delante de nosotros. Aparentemente, él comenzó a trabajar como informante del Santuario después de la Revuelta de Saga. En esa época, era uno entre muchos soldados rasos y yo no lo conocía personalmente. Solo ya recientemente como coordinador de agentes secretos, es que terminé sabiendo que él estaba en Sicilia. - Pero en que consistía tal prueba? - Conseguir, con sus propias fuerzas, una prueba de que era un Santo - Que dice, una Cloth? - Había un traje sagrado lacrado juntamente con los Gigas en aquel templo subterráneo del monte Etna. - Nuestra, desde le época de la Gigantomaquia? - Probablemente. - Entonces la Cloth de la constelación de Cabellera estaba sin portador? - Es lo que dicen los libros históricos del Santuario. Como ustedes saben, poquísimas personas tienen permiso para redactar y consultar esos libros. Además de Athena y el Papa, apenas algunos oficiales. Actualmente seríamos Yulij y yo.
La oficial auxiliar Yulij, rescatada conjuntamente con Seiya por Athena, está en UVI ( Unidad de Cuidados Intensivos) de un hospital de la Fundación Graad, viva, a pesar de una fractura craneana – Tal vez gracias a la protección de su constelación protectora.
- Yo no sabía que ese traje existiera... Como el maestro de Mei lo sabía? – Pregunta Seiya. - Bueno, el maestro de Mei... – Nicole para por un instante, como con miedo de continuar - ... era uno de los Santos perversos que se aliaron a Saga de Géminis con la intención de ejecutar a Athena. Es probable, por eso, que él quería que su discípulo se volviera un Santo para que lo ayudara en la lucha contra Athena. - Entonces tiene sentido – Comprende Seiya – En aquella época Saga ocupaba el cargo de Papa del Santuario, lo que explica como él supo de esa Cloth sellada. - Saga necesitaba de fuerza para enfrentar a Athena. - Prosigue Nicole – Como estaba dominado por voluntades malignas, él tenía una sed incontenible de poder. Por eso, violó uno de los secretos más profundos del Santuario. Traicionó las prohibiciones e intentó romper el sello de la Cloth protegida en el templo. - Mei sabe de eso? – Pregunta Shun. - Mei no tenía la menor idea de las intenciones de su maestro o de su relación con Saga. Él ciertamente creía completamente que se trataba de su desafío final para volverse Santo. Pero, al conseguir penetrar el templo subterráneo, Mei fue dominado por la voluntad de Typhon, pasando pro una especie de lavado cerebral parcial... – Nicole hace una nueva pausa – Lo que ocurrió después es suposición mía. Creo que Typhon trajo a los guerreros Giga de vuelta a la vida a través de Mei. La verdad, el Orestes enmascarado que nos atacó a Shun y a mí en el teatro de la Acrópolis era Mei, que debería haber invadido el Santuario luego para secuestrar a Yulij. - Entonces aquel era Mei...
Seiya y Shun recuerdan claramente la figura de su “enemigo” y de su olor de animal salvaje.
- Nadie podría imaginar que Typhon intentaría usar la sangre de Santos en sacrificio – explica Nicole – Estaría acumulando Cosmo a través de una redoma de fuerza, a fin de reunir fuerza suficiente para romper el Sello de Athena. - Que era aquel traje sagrado que Mei usó? - Pregunta Hyôga, que había permanecido callado hasta ahora. Y, percibiendo que Nicole vacila en responder: - Oficial mayor. Por lo que dice, aquel traje negro parece ser muy especial. - Sobre ese asunto... Athena irá a hablar, en un momento o más tarde – Declara Nicole en un tono misterioso. - Ah, que gracia!! – Grita Seiya – Ya hace diez días que Typhon desapareció en aquella erupción. La cosa fue tan fea que el propio Etna voló por los aires. Solo conseguimos huir de allá porque Athena nos salvó, y... - Los heridos no se deben exaltar, Seiya.
Felizmente la enorme explosión no trajo muchas víctimas, una vez que la población ya había sido evacuada del área, alcanzando solamente los equipos del ejército que patrullaban la región. La nube de cenizas volcánicas alcanzó la estratosfera y aún cubre el cielo de Grecia.
- La vida de millones de personas está amenazada – Argumenta Shun – Si esa tragedia es fruto del poder de Typhon, nadie puede saber lo que podrá hacer en el futuro. - Presten atención – Nicole asume una expresión más seria que nunca – La batalla contra los Gigas que está por comenzar tiene un significado totalmente diferente de todas las otras que ustedes ya libraron. Antes que nada, que son los Gigas? En esos días que pasaron, procuré investigar la respuesta en los libros históricos. Descubrí que, antes de que los Gigas fueran exiliados en las profundidades del vacío entre la Tierra y el Mundo de los muertos, ya había Athena sobre la Tierra, Poseidón en los mares y Hades en el infierno. Bajo el liderazgo de Zeus en los Cielos, los dioses dominaban los tres mundos. Poseidón y Hades se envolvieron en innumerables guerras contra Athena, para conquistar la Tierra. Nosotros, los Santos, luchamos en muchas y muchas Guerras Santas para defender el amor y la paz en la Tierra, alejándola de las voluntades malignas y perversas. - Señor... – Se entromete Shun – Uno de los Gigas me dijo exactamente la misma cosa. Y él cuestiono el que los Santos de Athena la defiendan. - Cuál fue tu respuesta, Shun? - Las personas inocentes - Exactamente. Los seres humanos. - Pero los Gigas... no son humanos? – Shun, Hyôga y Seiya se quedan sin palabras. - En el pasado, existía en la Tierra una especie poderosa que, como los hombres, conquistaron el fuego y comieron del fruto de la sabiduría. Era una civilización poderosa, así como los dioses que adoraban. - Esos eran los Gigas? - Los humanos y los Gigas son razas hostiles entre sí que jamás pudieron coexistir. La prueba de eso es que nosotros, humanos, siempre retratábamos a los gigantes en nuestros mitos como figuras monstruosas y diabólicas. - Por eso la batalla primitiva... - Es la lucha por la existencia, la batalla de cada especie por su permanencia – Enfatiza Nicole – Esta no será una Guerra Santa. Ninguno podrá impedirla. Lo que está por comenzar es una lucha que no se merecerá contar en la historia. El combate más bajo y rastrero que puede existir, una ordinaria lucha de muerte por la vida.
En la Sala del Papa, los Santos son envueltos por un pesado silencio.
- Cómo está Mei? – Pregunta Hyôga, en voz baja.
Nicole se voltea para el fondo de la Sala del Papa, irguiendo los ojos en dirección del Templo Sagrado, que está más allá de una cortina rojo bermellón y una pared de piedra.
FIN DEL TOMO 1
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