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 EVENTO ÚLTIMO COSMO, OCTUBRE: La Decimotercera Casa del Santuario...

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MensajeTema: EVENTO ÚLTIMO COSMO, OCTUBRE: La Decimotercera Casa del Santuario...   Lun Oct 03, 2016 11:51 am


Publica: http://seiyarpg.com/seiyarpgonline.php?idc=198511




PRELUDIO

Sin saber, en realidad, cómo relatar esto correctamente, de aquella noche tétrica sólo me es posible decir que sin piedad cernía su negro manto sobre aquellas áridas tierras cercanas al santuario atheniense.


La oscuridad ya rebasaba la medianoche cuando las pálidas sombras de un nutrido grupo de sujetos, ataviados todos ellos con largas túnicas de un color oscuro tan profundo como el de la noche misma, cruzaron el campo con un paso rápido y discreto, pero igualmente firme y decidido.


Una pertinaz llovizna había humedecido sus túnicas y con la alterada respiración de cada uno de ellos una nube de vapor, fugaz pero persistente, dejaba ver que aquella no sólo era una medianoche de una obscuridad voraz, sino que también estaba llena en cada resquicio por un frío inclemente.


De aquellas sombras, todas concentradas en su impasible andar, sólo era posible escuchar a alguno de los más experimentados proferir algún ocasional “Estamos cerca… puedo sentirlo…”. Mientras tanto, cada uno de ellos, sin distraerse, continuaba su avance, todos con unos pasos tan veloces y discretos que los hacían parecer espectros flotantes llevados por el helado viento nocturno.

Al menos una docena de veloces sombras recorrían ligeramente aquel tupido bosque griego, todos como llevados por el viento entre los enormes árboles de aquel espeso coto, buscando insistentemente algo entre la espesura… un objetivo… un lugar.

Un sonido remoto, familiar para los más experimentados del grupo, pero que progresivamente iba en aumento, puso en alarma los agudos sentidos en todos los misteriosos viajeros, que llevaban ya horas escabulléndose entre las nutridas sombras de aquellos tan imponentes árboles.

Resaltaba uno de ellos, quien visiblemente iba al frente de las huestes, comandando a paso firme a los personajes misteriosos sin darles respiro ni por un momento en aquel sostnido avance por los tortuosos y lóbregos caminos del bosque.


El hombre misterioso había recorrido ya esas tenebrosas sendas temerariamente en varias ocasiones, y caminaba a prisa por el camino seguro de que, aunque no hubiera una senda clara, sus pasos cada vez se acercaban más a su objetivo. Y fue entonces que, sin aviso ninguno, detuvo súbitamente su andar firme y decidido, hablando a su grupo apenas en un susurro, mismo que sólo avivaba más el frío de aquella noche lóbrega.


–Saben ustedes bien que estamos ya pisando tierra sagrada dentro del Santuario de Athena… Si alguno teme por su vida, debe abandonar el grupo ahora y volver sobre sus pasos sin mencionar nada de lo visto hasta este momento... –Su profunda voz había sido proferida entre murmullos, aunque, eso sí, con un tono autoritario y enérgico que llegó claramente a los oídos de cada uno de los misteriosos encapuchados antes de perderse en el matiz de los silencios de la tenebrosa noche. No hubo respuesta de ninguno de los bravos encapuchados del grupo.– Debemos ser sigilosos para alcanzar nuestro objetivo… nada debe ni puede salir mal esta noche! ¡¿Queda claro?!

Un profundo silencio entre el grupo fue la única respuesta afirmativa: uno igual de sepulcral que aquel que había inundado hasta ese momento cada rincón del coto que los acogía temporalmente.


Una vez que se confirmó la orden y habiendo quedado claro que la instrucción sería cumplida con pulcritud, cada uno de ellos apresuró los pasos entre aquellos árboles sin sendas hasta que el sonido que habían estado buscando, cada vez más resonante en el ambiente, les invadió tanto los oídos como sus corazones.

A sólo unos metros y con profundo regocijo y una excitación creciente, el nutrido grupo se detuvo justo frente a la inmensa puerta de un enorme caserón roído por los años.


Casi sobre cada centímetro, ocupando las maltrechas paredes de aquella lóbrega casona, se podían notar lo que parecían interminables cadenas de enredaderas, todas ellas creciendo sin reposo, como si su objetivo fuera camuflar aquel santuario y su valiosísimo contenido.

El grupo de encapuchados se había detenido sigilosamente, apenas a una docena de metros de la enorme puerta labrada en una fortísima madera que bloqueaba su paso hacia el interior del recinto. Una melodía suave y acompasada llenaba el ambiente, aumentando en la atmósfera aquella creciente sensación de inquietud y ansiedad entre los miembros del grupo.


Incrédulos como estaban de que no hubiera más obstáculo que aquella imponente puerta entre ellos y el interior de aquel santuario atheniense, habían detenido su carrera esperando solamente una señal de su líder para allanar la casona.


No obstante, aunque el resto del grupo no lograba percibirlo, el fiero líder pudo sentir una gran cosmoenergía apostada tan sólo a unos metros de la puerta… Sólo el comandante supo en aquel preciso momento, y sin duda ninguna, que se trababa del primer guardián al que deberían enfrentar si querían lograr el acceso al interior de aquel valioso recinto.


Finalmente, una atronadora y autoritaria voz, procedente sin duda de la enorme puerta del recinto, rompió el denso silencio que se había formado durante los breves instantes previos, instantes que tanto al grupo de espectros, como a su líder mismo, les habían parecido una pesada eternidad.

Sólo el encapuchado líder supo que era el guardián del templo quien les hablaba… él podía sentirlo aunque no lo mirara… todos los demás guerreros, nerviosos y sobresaltados, escucharon aquella voz temblorosa y siseante, pero atronadora y fiera, creyéndola venir desde la puerta misma.

--Jóvenes imberbes¡ -gritó la voz que al fin el grupo ubicó justo a un lado de la puerta-. No den un paso más o esta noche reposarán los despojos de sus puberales cuerpos en la más profunda celda del temible cabo SUNIÓN…

El Guardián:
 

En el mismo momento que lanzaba su advertencia y como por un conjuro diabólico, la bruma que ocultaba al guardián desapareció repentinamente, sacando a la horrenda entidad de las sombras que lo cobijaban, dejando a un tiempo mirar su perturbadora y casi indescifrable humanidad.

El Guardián:
 

–Sólo existe una manera de que logren entrar a este sagrado recinto –dijo el encorvado pero terrorífico guardián, ya sin gritar aunque con un marcado tono altanero en su voz casi espectral– y tú mejor que nadie deberías saberlo… –y al decir esto, el imponente guardia de la entrada del templo levantó su mano apuntando retadoramente al líder del grupo– ¿No es así... Galgo?  

Y una frenética risa, casi proveniente del mismísimo infierno, rompió el tono dulce de la melodía que había conducido hasta allí al afanoso grupo.

El Guardián:
 

Gruesas gotas de un sudor frío rodaban por la cara del líder de aquellos presurosos y misteriosos encapuchados, paralizado como estaba al saber que a pesar de su negra túnica y de la lóbrega noche, el implacable guardián lo había reconocido.


De pronto, motivado por una fiera desesperación y un irracional deseo de cruzar la puerta del templo, uno de los misteriosos guerreros del grupo, quizás el más joven de todos ellos, salió de la formación velozmente, con su puño levantado y dispuesto a atacar al tenebroso vejestorio que se había mostrado como guardián del templo, y mientras gritaba con su voz puberal se lanzó hacia el guardián con un ansia furiosa.

– ¡Quítate de nuestro camino, estúpido! ¡Cruzaremos esa puerta aunque tengamos que pasar sobre tu horrendo y lisiado cuerpo!


Galgo, aún paralizado por los hilos del pánico ante aquel sorpresivo reencuentro con el guardián, quiso evitar el ataque… hubiera querido advertirle a su imprudente soldado que estaba corriendo directo a su propia perdición, pero todo sucedió en un respiro tan breve que sólo tuvo tiempo de mirar a su joven e inexperto guerrero caer sin dificultad ninguna a los pies del guardián. Derrotado por su propia ansiedad y por su misma desesperación… su alma de guerrero en plena pubertad lo había llevado a la derrota.

El guardián:
 

El guardia atheniense, una vez sometido su joven y misterioso contendiente, volvió a adoptar su pose despreocupada inicial y clavándole una mirada violenta al líder del grupo, le dijo esta vez con aire retador, con ese siseo tan desagradable y perturbador manchando cada sílaba…

El Guardián:
 

–Galgo… sabes bien que sólo hay una forma de que puedan cruzar las puertas de este recinto…

El líder, aún con un profuso sudor sobre su faz, tragó saliva… como tratando de retomar su aplomo perdido sólo segundos antes. Únicamente había una manera, justo como había advertido el guardia de la puerta y Galgo lo sabía perfectamente. Sin embargo, aquello sin duda, significaría perder a más de la mitad de su grupo. Debía decidirse pronto, pues la noche y su conveniente cobijo, avanzaba inclemente.


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MensajeTema: Re: EVENTO ÚLTIMO COSMO, OCTUBRE: La Decimotercera Casa del Santuario...   Miér Oct 05, 2016 10:19 pm

CAPÍTULO I

Justo al borde de aquel pequeño claro de bosque, apostados firmemente como si cada quien fuera parte de la vegetación, cada uno de los misteriosos encapuchados esperaba por la respuesta que su líder ofrecería al Guardián. Nadie entre ellos respiraba, quizás a causa de un miedo creciente y vivo que ninguno había podido contener, o tal vez fuera por la apremiante necesidad de entrar lo más pronto posible aquel recinto que ahora parecía inaccesible.

Finalmente, aunque marcadamente preocupado porque el temblor en su voz no delatara su creciente ansiedad, Galgo se decidió a responder…


–Ninguno de nosotros ha llegado hasta este punto para regresar con el estigma de la derrota y el rechazo… –la voz de Galgo viajó nítida y sin pausa hasta el guardián, más clara y firme de lo que él mismo había esperado– Míranos y convéncete de que esta discusión es innecesaria: déjanos entrar al templo…

Un brevísimo pero denso silencio siguió al corto discurso de Galgo, porque casi de inmediato el guardián estalló en un convulso ataque de risa que retumbó estruendosa y socarronamente en aquel claro del bosque, avivando el creciente terror que se había anidado ya en los corazones de los más jóvenes.

El Guardián:
 

Sin quererlo, casi la totalidad del grupo había dado un par de pasos hacia atrás, movidos por el miedo y por la duda… ¿A quién se estaban enfrentando?

En tanto todo esto pasaba, la silueta de un individuo encapuchado y por completo inmóvil, totalmente ajeno al grupo de Galgo, se dibujaba a una docena de metros del resto de los misteriosos guerreros, oculto sigilosamente entre las sombras de los árboles. El individuo, sin un solo atisbo de miedo en su serena respiración, presenciaba atentamente todo lo que había sucedido hasta ese momento.



El ataque de aquella risa demoníaca no cesaba. Mientras, a los pies del guardián, el puberto derrotado hacía tan sólo unos segundos, levantó su aturdido rostro del húmedo suelo y preguntó en un grito desgarrador a Galgo…

–¡¿Quién demonios es este monstruo, Galgo?!


En aquel momento, el solitario individuo que esperaba a unos metros del grupo y cobijado por las sombras, se acercó con un sigilo en realidad despreocupado al claro del bosque donde todo aquello ocurría. Una vez allí, e iluminado tenuemente por las luces que se filtraban por las ventanas de la vieja casona, habló con soltura para todos:


–Si ninguno de ustedes tiene inconveniente se los diré yo. Toda esta trivial escena retrasa mi entrada al templo y no estoy dispuesto a esperar ni un segundo más a que el guardián se decida o no a dejarlos pasar. –su tono, decidido pero en cierto modo afable, captó de inmediato la atención de todos sin excepción.


Individuo misterioso:
 

El grupo y su líder mismo, aceptaron con dificultad lo que sus ojos veían. Aquel individuo salido de la nada era Dalamar. La noche era de un negro tan profundo, que incluso el brillo dorado de su armadura era opacado a tal punto que sólo de ella emanaba un tenue brillo mortecino que le confería un tono casi tan negro como el de aquella mordaz obscuridad, que había terminado por devorarlo casi todo.

–¡Qué alegría! ¡Más invitados…! La realeza se hace presente una vez más en este mi lúdico recinto… –una sardónica sonrisa había vuelto a ocupar el horrendo rostro del guardián del templo– Lo que debas comunicarles dilo ya, Dalamar. La noche va muriendo lentamente… y su tiempo se acaba…

El Guardián:
 

Mientras Galgo pugnaba por recobrar el aplomo perdido instantes antes, al mismo tiempo se sentía agradecido de no tener que ser él quien informara a los más jóvenes de su comitiva de todos los pormenores sobre aquel escalofriante guardián al que enfrentarían.


Dalamar también sentía una urgencia incontenible por irrumpir en el recinto… su viaje hasta allí había sido largo y por ningún motivo permitiría que el empeño puesto en su afán se echara a perder por aquel encuentro con el guardián y con la comitiva de Galgo. Y así les habló:

Explicación de Dalamar:
 


El Guardián, como si encontrara divertido el escuchar una historia que le resultaba al mismo tiempo tan familiar y tan injusta, asomó su expresión transformada sacándola de las voraces sombras de la medianoche…

El Guardián:
 


–Veo que no has omitido detalles, Dalamar –el siseo en su voz denotaba una furia feroz mezclada con un desprecio por todo lo existente–. Pero basta de este palabrerío sin sentido, si tu objetivo es llegar al interior del templo, tú mejor que nadie sabes el precio que se debe pagar por entrar… ¿Vienes preparado?

Galgo y el grupo eran ahora los que miraban atentamente y sin respirar. Fue entonces que Dalamar, sin el menor dejo de duda en sus movimientos; su armadura dorada brillaba con un fulgor aún mortecino y negro, como si su vida dentro de aquel claro del bosque la vida del manto dorado de acuario se debilitara. El santo de Athena caminó parsimoniosamente hacia el guardián y cuando estuvo apenas a 1 metro de distancia levantó su mano derecha y de ella, entre un fulgor glacial, apareció una pieza que el mismo Dalamar ofreció al Guardián sin vacilación, mientras le decía:

–Aquí tienes lo que pides… y no me retrases más, engendro… suficiente tiempo he perdido ya con estos jóvenes que han venido hasta aquí sin saber nada sobre los riesgos. –y lanzando una severa mirada sólo por encima del hombro al líder de los encapuchados, le advirtió¬ diciendo– Y apresúrate Galgo, porque no pienso esperar a ninguno de ustedes. He venido por mi cuenta…


Complacido, el Guardia recibió de la mano de Dala el objeto, y escrutándolo atentamente mostró sus cariados y macilentos dientes que formaron la sonrisa sardónica que había mostrado anteriormente. Sin mirar a Dalamar mientras se alejaba, y hablando casi para que oyeran todos los presentes, el facineroso Guardián le dijo con su siseante y desagradabilísimo tono:

–Una cosa más antes de que se vaya, distinguido caballero… Sabe usted bien que no es posible entrar al Templo de la Serpiente vistiendo una armadura de Athena porque esta moriría al instante… Es necesario abandonarse a su suerte y sólo a su resistencia física y a su fuerza mental para alcanzar ahí dentro sus objetivos.

El grupo de Galgo rompió el siguiente silencio con murmullos de denotaban un espanto terrible al saber que sus armaduras deberían quedar fuera del recinto si de verdad deseaban cumplir sus objetivos dentro del Templo de la Serpiente.

Dalamar se detuvo un brevísimo instante sobre el camino que llevaba a la puerta del Templo de la Serpiente, consciente de los riesgos y de todo lo que le esperaba al interior de ese santuario que lo había recibido ya más de una vez.


Sin el más mínimo atisbo de duda, Dalamar se desprendió de su ropaje dorado en una explosión de cosmos y un estruendo breve pero sonoro.  La armadura dorada de acuario se apostó entonces en los márgenes de aquel claro de bosque, recuperando su bello y helado fulgor dorado mientras Dalamar cruzaba la puerta de aquel escalofriante templo otrora santo.


–¿Y ustedes, Galgo…? –el horrendo siseo llenó los oídos de todos los restantes en el grupo de encapuchados– ¿Van a darme lo que pido o sólo vinieron como niños curiosos a observar por las rendijas?

Para ellos no sería nada simple, Galgo lo sabía… Iba a perder a muchos en el intento, pero el acceso al templo era todo lo que importaba. Apretando los dientes y despojándose de su túnica para acrecentar la fuerza de sus palabras, con la voz más firme que pudo reunir le dijo al andrajo diabólico aquel:


–Estamos listos… Sé bien lo que pides y los riesgos que corremos al entregártelo… –su armadura dorada estaba sufriendo la misma suerte que la de Dalamar: mientras más pasaba el tiempo, su brillo dorado se extinguía para dar paso a un color oscuro como la muerte misma–. Conozco el precio y la deshonra que puede esto traer consigo… pero todos estamos dispuestos a pagar el precio. Te lo vamos a demostrar…

Y, al mismo tiempo, sacando valor de lo más hondo, cada uno de los miembros del grupo de Galgo, casi al unísono, se despojó de la túnica que lo ocultaba de los ojos del mundo.


La helada brisa nocturna golpeó de lleno aquel paraje, congelando la tensa escena por breves segundos. Justo en aquel instante la aparente calma del Guardián se terminó…

–Pero no se molesten en traer hasta aquí lo que pido… –¡el susurrante siseo dio paso a un grito aterrador!– ¡YO MISMO DESPOJARÉ A CADA UNO DE USTEDES DE LO QUE DESEO!


Ataque del Guardián:
 


Apéndice
Múltiples gritos de un terror frenético inundaron la breve senda que llevaba al Templo de la Serpiente. El Guardián había desatado su furia contra aquellos imberbes párvulos puberales y todos ellos se revolvían aterrorizados chocando unos con otros en su intento de evadir las furiosas embestidas del otrora santo dorado de Ofiuco. Sin embargo, de todos los individuos que se había presentado hasta ahí, uno había conseguido convencer al demoníaco Guardián. Y alguien, atento desde una ventana, miraba al individuo de pasos firmes avanzar hacia la entrada del templo, aquel que se hubo despojado de su armadura dorada… había llegado la hora de preparar la bienvenida del nuevo invasor.

Silueta en la ventana:
 


ROL OFF

Un agradecimiento especial y distinguido a DALAMAR, que prestó su voz para este capítulo del rol. Mi más sincero agradecimiento, amigo!

¡A todos, salud y un abrazo!
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MensajeTema: Re: EVENTO ÚLTIMO COSMO, OCTUBRE: La Decimotercera Casa del Santuario...   Vie Oct 07, 2016 12:07 am

CAPÍTULO II

Al cruzar la recia puerta que lo separaba de aquel receso de bosque, Dalamar sintió un profundo alivio. Una vez más había logrado sortear el filtro más difícil y estaba cada vez más cerca de atender los asuntos que le dieron origen a su secreta expedición, casi violando los límites permitidos del Santuario.

Algo similar a una melodía suave, la que podía escucharse nimiamente desde el exterior, llenaba cada rincón del interior de la construcción y se hacía más fuerte a medida que el santo dorado de acuario avanzaba por el pasillo principal. Podía claramente sentir que no estaba solo, porque alcanzaba a percibir de soslayo ora la silueta de algún individuo, ora otra. Sin embargo, todo aquello le parecía familiar ya, de modo que optó por continuar el camino sin reparar en los tétricos detalles.

Mirando de soslayo:
 


Al final del pasillo de espera, la luz de los candiles comenzaba a mermar, iluminando parcial y alternadamente algunos rincones de aquel tétrico sitio. Dalamar estaba convencido de que la siguiente prueba estaba cerca… debía tener paciencia para alcanzar su objetivo final y era muy consciente de ello.

Mientras esto pensaba, siguiendo su avance sigiloso, al final del pasillo se distrajo mirando una pintura antigua a uno de los lados, en un muro agrietado y viejo, y que estaba sólo parcialmente iluminada por el vaivén de la luz mortecina procedente de los candiles.


Al mirar aquella pintura, apenas visible, Dalamar hacía un esfuerzo por mitigar una sensación extraña que recorría su cuerpo desde el ingreso a la casona: un sentir que lo llenaba de una mezcla de angustia y ansiedad, una ansiedad creciente por lograr su objetivo en aquella casa cuanto antes. Sin embargo, una nítida sensación de estar siendo observado lo hizo volver la mirada a la senda que había inicialmente seguido por el pasillo.

Pintura en la pared:
 

Justo en la zona donde el santo de Athena había puesto la mirada de manera tan repentina, a través de una puerta roída por los años, se dibujó la silueta de una dama, ataviada con una túnica larga, y, con un andar lento se fue acercando a Dalamar, que, tensando cada músculo de su humanidad, se preparó para lo que venía…

Visión del pasillo:
 

La luz casi inexistente del pasillo, pésimamente alimentada por las llamas de las velas, confería a aquella dama, a la distancia, un aire cercano a lo aterrador.


Dama:
 



En tanto todo esto ocurría, los gritos afuera habían cesado. El Guardián, habiendo completado su tarea, se regodeaba nuevamente en su asiento, riendo socarronamente después de haber despojado a todos los guerreros al mando de Galgo de aquello que deseaba a cambio de dejarlos pasar.

El guardián:
 

Avergonzados unos, y muy adoloridos los otros, cada uno de los guerreros invasores se reincorporó trabajosamente, tratando de mostrar dignidad luego de ser víctimas todos ellos del embate arrasador del Guardián, sin que pudieran, siquiera, responder dignamente.


Después de que unos instantes antes todos los sujetos se despojaron de las túnicas, ya no era un secreto que, entre la casi veintena que integraba el grupo, se encontraban algunos viejos conocidos: ASMITA, Hyo Asakura, -Aioria-, Loreley y el ya mencionado Galgo, quien comandaba al grupo en su recientemente complicada búsqueda.

Odiseo, El Maldito, procedió al juicio, toda vez que en sus manos poseía el elemento con el cual juzgaría a cada uno de ellos, así como a su futuro aquella noche. Todo estaba ya puesto…

El guardián:
 

APÉNDICE

Dalamar adelantó unos pasos para enfrentar a la dama que aparecía justo frente a él, al final del pasillo que había seguido tan fielmente desde su ingreso a la casona. La mujer había detenido su andar a pocos centímetros del santo atheniense y, con una auténtica expresión de locura desencajada en el rostro, murmuró pausadamente y entre dientes “Veo que es usted el caballero que logró atravesar la puerta a este recinto… Lamento informarle que lo pagará muy caro…”.

La dama…:
 
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MensajeTema: Re: EVENTO ÚLTIMO COSMO, OCTUBRE: La Decimotercera Casa del Santuario...   Sáb Oct 08, 2016 6:36 pm

ADVERTENCIA

Los siguientes capítulos del presente relato contienen descripciones e imágenes ALTAMENTE SUGESTIVAS que lo hacen un MATERIAL INAPROPIADO para audiencias menores a los 18 años de edad. Se recomienda discreción.






CAPÍTULO III


El templo de Ofiuco era conocido como el “Templo del Portador de la Serpiente”, y estaba localizado entre el “Templo del Escorpión Celestial” y el “Templo del Centauro”. A priori, Odiseo fue el mejor de todos los santos dorados de su generación, debido principalmente a su poder de sanación, todo hasta el punto de que fue considerado un dios en el Santuario. Sin embargo, al ganar en arrogancia,  molestos como estaban los dioses ante esta soberbia creciente del otrora santo dorado, Athena decidió transportar el templo y a su guardián a un paraje recóndito del Santuario, bloqueando con su poder divino la salida del traidor, haciéndolo presa de una maldición que duraría toda la eternidad.

Odiseo, resignado como estaba a pasar en aislamiento el resto de sus días, fabricaba brebajes y vapores químicos para atraer a las más hermosas doncellas del Santuario hasta el Templo de la Serpiente, todo con el objetivo de raptarlas.

El rapto…:
 

Su perverso objetivo era despertar en ellas los más bajos instintos, auxiliado de sus pociones, además de conferirles una larga vida que les permitiera satisfacer sus necesidades y sus más oscuros deseos…

Las doncellas…:
 

Otras doncellas…:
 

Sin embargo, durante todos esos siglos de excesos, muchas de las doncellas que Odiseo capturaba habían muerto a causa de las pociones malditas que él sin piedad les administraba, sufriendo en el proceso de una terrible agonía. Debido a estas traumáticas y crueles formas de morir, muchas de las almas en pena de estas desafortunadas doncellas, recorrían el templo en forma de vengativos e insaciables súcubos que a su vez atraían a hombres calenturientos para luego asesinarlos de las más ardientes formas, convirtiéndolos en íncubos despiadados.

Súcubo…:
 

Con el pasar de los años, el antiguo Templo de la Serpiente se había convertido en un centro muy similar a aquellos lugares donde viven muchachas muy pobrecitas, de esas que no tienen dinero para comprarse ropa y a las que los conmovidos e inocentes visitantes les tienen que colocar billetes en su ropita mínima mientras les ruegan con profunda preocupación: <<¡¡¡Tápate, chiquita!!! ¡¡¡Te vas a resfriar!!!>>.

…:
 

…:
 

También hay que decir que con el paso inclemente del tiempo, el Guardián del templo aprendió del amor al dinero y las riquezas (aunque inútiles para él) y la avaricia mordisqueó profundamente su retorcido corazón. Sin embargo, también el negocio le había enseñado que no todos los que llegaban al recinto podían pagar por los servicios que las bellas habitantes de la casona (las vivas y las muertas) tenían para ofrecer. No le importaba si entraban jóvenes o viejos, lo único que sabía era que los pubertos calenturientos nunca tenían dinero para contribuir a rellenar sus pletóricas arcas, por ello, todo sujeto sin una identificación válida, era expulsado violentamente de aquella maldita propiedad.

…:
 

A pesar de todo, en realidad el Guardián no estaba muy entendido sobre las cosas que tenían que ver con los documentos de identidad: era bien sabido entre los pubertos del Santuario que bastaba con una credencial falsa, moderadamente bien hecha, para lograr cruzar las puertas hacia aquel paraíso atiborrado de ninfas dispuestas a complacer los clientes. Y la prueba de que “moderadamente bien hecha” no era broma, era la credencial que mes tras mes el Santo Dorado de Acuario (Dalamar, pues), dejaba como garantía en la entrada del templo. Quizás era esa la razón por la cual se le trataba tan distinguidamente…

Documento Nacional de Identidad de Dalamar:
 

De vuelta con el Guardián, éste miraba cautelosamente cada una de las pertenencias arrebatadas a los jóvenes guerreros, amontonadas todas sobre su mugriento regazo…

Identificaciones en el regazo del Guardián:
 

Carnets electorales, licencias de conducir y otros documentos de identidad se amontonaban uno tras otro sobre los macilentos muslos de Odieso, quien los examinaba uno a uno con una atención casi milimétrica. El momento de emitir su juicio, sobre quién entraba al templo y quién debía regresar al Santuario con el estigma de ser un puberto rechazado por miserable. Calenturiento y pobre eran una de las peores combinaciones en ese negicio, y el Guardián lo sabía.


Hacía algunos años que, movidos por olvidar la monotonía de las Guerras Santas y toda esa refriega, una vez al mes, Loreley, -Aioria-, Hyo, Galgo y ASMITA, olvidando cualquier posible diferencia entre ellos, se reunían para pasar una noche loca bajo el cobijo del amor en el Templo de la Serpiente. Incluso, ya era tan tradicional, que tratando de motivar a sus estudiantes adolescentes, cada mes, cada uno de ellos se llevaba a la excursión a sus tres mejores discípulos, los cuales, conociendo la naturaleza del premio, ahorraban montones de monedas, además de que trataban de ser los mejores en cada ciclo para ser los elegidos y recibir la noticia de que podrían salir a “disfrutar de los placeres del mundo”…

…:
 

Galgo y los veteranos del seiya, en un rincón del mancillado grupo, esperaban con una inquietud creciente por la decisión del guardián.

…:
 

A pesar del nerviosismo imperante entre ellos, y tratando de calmar sus violentas ansias carnales, todos estaban intentando conciliar algún plan emergente por si la decisión del Guardián no favorecía a alguno de sus pubertos cachondos: el objetivo era que ninguno de ellos se quedara fuera de la casona en aquella noche lóbrega.



Finalmente, el horrendo Guardián dio su inapelable veredicto:

El Guardián:
 

–He revisado cuidadosamente sus identificaciones, señores y señoras… No encuentro nada falso en ellas, así que pueden entrar a mi templo: pero les advierto… –el siseo en su voz se intensificó más que nunca con cada escabrosa sílaba que pronunciaba– si entran allí, deberán pagar precios altos por los placeres que allí encuentren… algunos tan altos, incluso, como su propia vida...

Galgo giró hacia el grupo y dio la orden de entrar sin demora...

Y no se dijo más. En todo el grupo, el miedo y la angustia durante el juicio del Guardián dieron paso solamente a un deseo estúpido por lograr el contacto con la carne y, como una horda furiosa de zombis hambrientos, partieron sin pensar en nada más hacia el interior del recinto.
…:
 

…:
 

APÉNDICE

Dalamar ya se encontraba cómodamente instalado en la estancia de la casona, y se había enterado ya, por la propia boca de la dama de la exagerada sonrisa, sobre los precios de los múltiples y tan variados servicios que ofrecía aquel templo de perdición. Ahora Dalamar se entretenía explicándole a la dama calmadamente sus “intereses”…


Mientras esto pasaba, la misteriosa mujer que lo había recibido lo escuchaba con una paciencia profesional, aunque perfectamente sabía ya cada uno de los exóticos gustos de aquel cliente con membresía de “Cliente Frecuente” y considerado VIP.

…:
 



La dama…:
 


–La chica que lo atenderá se está preparando, Monsieur. Le suplico que se ponga cómodo y espere hasta que ella misma se ponga en contacto en tan sólo un par de unos minutos, con usted…

No lejos de ahí, en un rincón de la casa y tras una discreta orden que le diera la dama misteriosa, la atenta doncella que atendería a Dalamar en esta visita, se preparaba afanosamente para su “encuentro”…

La doncella…:
 


Y ya casi estaba lista…

La dondella:
 

La doncella…:
 


La doncella…:
 

A Dalamar no le quedaba más que esperar pacientemente para satisfacer con ella todos y cada uno de sus turbios intereses.

Dala esperando…:
 
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MensajeTema: Re: EVENTO ÚLTIMO COSMO, OCTUBRE: La Decimotercera Casa del Santuario...   Mar Oct 11, 2016 7:52 pm

CAPÍTULO IV



Sintiendo cómo la música crecientemente entraba en sus oídos, los miembros de la comitiva de Galgo cruzaron la puerta del Templo de la Serpiente llenos de una emoción vibrante. Sus corazones calenturientos (aunque no sólo sus corazones) se dejaron consumir por el deseo carnal, deseando ya con ansia el ingreso a aquel tugurio de perdición.

La consigna de Galgo había sido únicamente que todos deberían estar afuera del templo unos minutos antes del alba, esto para regresar todos a sus lugares de trabajo sin levantar sospechas entre sus jefes. Los líderes de cada subunidad chocaron sus manos, se desprendieron decididamente de sus armaduras, siendo imitados por sus alumnos calenturientos, para después correr todos ellos frenéticamente a buscar el placer carnal como cada uno de ellos mejor quisiera.


Y finalmente entraron…

Caminaban todos ansiosamente por el pasillo principal, con la lujuria desbordada brillándoles en los ojos. A cada uno de los costados, los nuevos visitantes encontraron lo que buscaban, y por montones: las nínfulas dispuestas que saciarían sus cachondísimos deseos de pubertad en flor…

Nínfulas…:
 

Los más veteranos del grupo, cansados de “lo tradicional” se encaminaron cada uno por caminos distintos, buscando saciar deseos más “exigentes” y dejando a sus estudiantes a merced de sus propios deseos…

Cada uno de los chiquillos calenturientos eligió entre todas ellas a la que más quiso y, haciendo sonar en sus bolsillos los puños de monedas que retribuirían sus “delicados” servicios, esperaron sin mucha paciencia el momento para “deleitarse” con ellas en la magia del amor por alquiler.


Las cosas estaban por salirse de control…

…:
 



En otro paraje de la concurrida y ardiente casa, la no tan breve espera de Dalamar estaba por terminar.

…:
 

Dalamar era presa ya de una creciente emoción al presentir que el momento de sacar todo el estrés y el aburrimiento que le dejaba vigilar el Templo de Acuario estaba por diluirse con aquel ardiente encuentro que le deparaba la noche. Y pasó que, así, de improviso, vio surgir a su nínfula desde un rincón y sin la menor muestra de recato… Ella estaba lista para “atender” finamente las severas exigencias del santo dorado…

…:
 


-AIORIA-


El líder de los espectros al servicio del señor Hades tenía una debilidad nada conveniente en su posición de general superior al mando de las huestes del Señor del Averno: podía pasar horas gastando plata en esas pasarelas donde las chiquitas bailan para quitarse el frío, tapándolas con billetes de baja denominación para que le fuera posible hacerle el bien a más de una.

…:
 

Era tan dadivoso a la hora de repartir abrigo con los billetes que sacaba diestramente de su bolsillo, que al final de cada ronda, las niñas pobres que terminaban de ejecutar su “rutina de calentamiento” lo invitaban tras bambalinas a bailar con ellas, consintiéndolo como se merecía luego de ser tan generoso con todas.

…:
 


…:
 

Y así, bailando como estaba entre todas ellas, una mujer lo observaba con atención, acechando el momento en el que pudiera acercarse.

…:
 

Mientras tanto, -Aioria- disfrutaba de aquel gesto de gratitud de todas las chiquitas como era su costumbre, pero el Dios del Sueño había notado el extraño interés que una de ellas había fijado en él, y ahora su baile sugerente era para ella, esperando el momento en el cual pudiera encontrase cara a cara con su nueva admiradora.

…:
 

Estaba convencido de que aquella dama querría sin duda algo más “íntimo” con él, porque -Aioria- se había ocupado atentamente de lanzarle con entusiasmo su mirada especial para enamorarla… Algo así como su “técnica final”, la cual nunca fallaba. Sólo restaba buscar el momento y el sitio convenientes para terminar la faena con aquella misteriosa bailarina.

…:
 

Por fin, al final de aquella última canción, el lujurioso Dios del Sueño tuvo la atención de disculparse con todas las damitas que lo habían tratado tan bien durante aquellos minutos de gratitud, y, tras esto, se encaminó con prontitud a un apartado rincón donde se ubicaba el cubículo privado de los “bailes de calentamiento”. Sabía que su admiradora pronto llegaría. Y no se equivocaba…

…:
 

Sentado como estaba en aquel cubículo aislado, listo para disfrutar el clímax de aquella su noche, -Aioria- se dejó consentir por la gratitud de aquella sexy y atenta dama que le regaló mucho más que un baile en aquel silencioso rincón del Templo.

…:
 

APÉNDICE
Dalamar, una vez resuelto el sobresalto de aquella repentina forma de entrar de la dama que le brindaría atentamente sus “servicios”, la miró con la más intensa de las lascivias. La encontraba hermosa y deseable… El Santo Dorado de Acuario casi de inmediato sintió la ola fiera y cálida del amor carnal recorrer cada célula de su cuerpo. Sencillamente, la bestia contenida que llevaba dentro se liberó…

…:
 

Abriendo los brazos y dejando de lado las buenas maneras, Dalamar se abandonó a aquel furioso deseo, ignorando que en aquella ocasión se enfrentaría al más fiero súcubo del Templo de la Serpiente.

…:
 
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MensajeTema: Re: EVENTO ÚLTIMO COSMO, OCTUBRE: La Decimotercera Casa del Santuario...   Miér Oct 12, 2016 6:02 am

CAPÍTULO V

Dalamar era un aficionado al preludio amoroso con todos sus componentes. Tradicional como era, hijo de la Madre Patria, el Santo de Acuario gustaba siempre de sentirse motivado por su amante en turno a través de la seducción única que trae consigo el baile erótico. No había mejor forma de iniciar el juego del amor, pensaba, por ello le motivaba tanto que la sensual dama que le ofrecía sus servicios aquella noche no había dejado de bailar desde que apareció.

Dama bailando…:
 

Y Dala tenía la furia sexual en su punto máximo… Era hora de lanzarse al ataque y abrasar en las llamas de su ardiente pasión a aquella joven bellísima, arrastrándola a la vorágine del amor.

…:
 

…:
 

Lo cierto era que aquella dama-súcubo había por fin notado, casi por la fuerza, que aquel movimiento de piernas del ibérico sujeto, no era propiamente un temblor, ni siquiera algo resultado del miedo… Su sonrisa de ultratumba se borró de pronto y el súcubo mismo comenzó a temer lo peor…

Súcubo…:
 


HYO ASAKURA


El legendario Hyo caminaba con sigilo cada metro de aquel desvencijado piso en el nivel superior de la que fuera la antigua casa de Ofiuco. Aquella era la planta donde se encontraban los improvisados cuartos privados donde las parejas subían a consumar sus “negocios”, toda vez que estuvieran acordados los términos económicos y las “modalidades” de los servicios.

A Hyo en realidad, por aquellos tiempos le interesaba, más que otra cosa, el delicado arte de mirar por las cerraduras y por las rendijas. Estaba bien advertido por su concubina de que si se le ocurría “andar en malos pasos” perdería alguna parte de su masculina anatomía… Y arriesgarse no era opción por el momento…

…:
 

De tal manera y muy resignado, el legendario guerrero se conformaba aquella noche con deambular por los polvosos pasillos del templo, aprovechando alguna puerta mal cerrada o alguna cerradura abierta para espiar lo que los más afortunados hacían con las divinas féminas del Templo de la Serpiente.


…:
 

En esas andaba Hyo Asakura, mientras espiaba con detenimiento por una rendija la “iniciación” de uno de los pubertos calenturientos del grupo, cuando le pareció observar, aunque de reojo, a una niña y a una mujer seguramente muy sexy que subían apresuradamente por las escaleras que llevaban a la planta superior.

Escaleras…:
 

Quizás todo fue por mirar de soslayo, pero el guerrero había tenido la impresión de que la mujer mayor era un espécimen muy sexy, y sólo pudo imaginar que seguramente iba vestida con una ropita mínima, al menos eso pudo percibir al verla correr apresuradamente hacia el piso superior. Inquieto por aquella calentura que sin tregua le mantenía firme “la mirada”, decidió acercarse a la escalera para ver si era posible alcanzar a mirar algo bajo su vestido, pues los pasos de ambas dejaron de escucharse justo al llegar al piso superior. Tras dar unos breves pasos para acercarse, entre la penumbra del lugar había vuelto a mirar una silueta, esta vez sólo una… la niña.

La Niña:
 

Más y más cerca de la escalera, cauteloso, Hyo observaba fijamente a la menor, esperando poder preguntarle en un susurro dónde podría “mirar” a su bella acompañante. Pero no fue necesario, pues la niña habló antes que él, con un sonoro y agudo grito: “¡Dice mi hermana que te espera arriba!” y desapareció en su suspiro.

La Niña:
 

Hyo Asakura tembló con fuerza de arriba a abajo por la sorpresa y el temor. Sin embargo, aquel miedo era producto no de las visiones que tuviera al mirar desaparecer a la niña, sino al recuerdo taladrante de su mujer armada con un par de tijeras para mutilar su anatomía, porque ya había decidido subir a buscar a la sexy mujer que lo esperaba y llegar con ella hasta las últimas consecuencias.

…:
 

Una vez arriba, Hyo se encontró con una única puerta al final de un largo corredor de la cual emanaba una melodía de tono parecido a una canción de cuna. Estaba convencido de que ese era el lugar donde la sexy mujer esperaba por su llegada. En su interior, a primera vista, Hyo sólo pudo divisar en el suelo a la pequeña niña, jugando despreocupadamente con una caja de música.

Caja de música:
 

A su lado, parcialmente oculta por las sombras, su hermana mayor bailaba con gracia al ritmo de la música proveniente de la caja, moviéndose con contorsiones terroríficas hasta posar su mirada de muerte sobre los ojos de Hyo Asakura.

…:
 

Sobresaltado y presa del terror, Hyo cayó hacia atrás pesadamente mientras trataba de huir de la escena sin lograr siquiera moverse, víctima del miedo. Mientras, la mujer, caminando sensual y suavemente hasta donde Hyo yacía, inmóvil, lanzó inicialmente un feroz gruñido hacia el legendario guerrero…

…:
 

Después, dulcemente, vaciando en su mano un puñado de potentes somníferos, rellenó por la fuerza la boca de Hyo Asakura, obligándolo a tragarlos.
…:
 

Aún aterrado, Hyo sintió cómo tanto su consciencia como su fuerza abandonaban rápidamente su entumecido cuerpo. A medida que sus ojos se cerraban y su cuerpo reposaba inerte sobre el helado suelo de la habitación, Hyo Asakura podía con claridad sentir cómo una pequeña boca deambulaba de un lado a otro de su humanidad. Luego, todo fue oscuridad. Todo fue dolor…

…:
 


El encuentro entre los jóvenes cachondos y las nínfulas resultó una escena en realidad cercana a lo aterrador. Los imberbes calenturientos procuraban a sus anfitrionas caricias bastante subidas de tono en cada intento de calmar su furia y su deseo carnales. Literalmente, los excitadísimos jóvenes se comían a besos a las damas.


…:
 

…:
 

…:
 

…:
 

Ninguno de ellos sabía, inexpertos como eran en las artes amatorias, que aquellas supuestas nínfulas eran todas súcubos, sedientos de venganza y cegadas por el odio. Sin embargo, la fuerza y el deseo de los jóvenes que buscaban furiosamente tocar y besar las carnes jóvenes de las nínfulas rebasó los deseos de venganza y el odio de aquellas almas en pena.

Los súcubos corrían llenos de pánico por todas partes, tratando de evitar el furioso ataque cachondo y arrebatado de los jóvenes imberbes que parecían entes malditos transformados por el deseo en bestias sexuales incontenibles. Las pérdidas entre los súcubos aquella noche fueron muchas…

…:
 

Finalmente, el equipo de seguridad del lugar tuvo que hacer acto de presencia y controlar violentamente al grupo de adolescentes garañones que habían alterado el orden en aquel recinto del placer. La noche para ellos había terminado justo como comenzó: en un fugaz suspiro .

…:
 

APÉNDICE

Un total de siete veces el alma en pena que era aquella dama-súcubo intentó escapar de los brazos de Dalamar, El Furioso, agotada y rendida por los bríos demoníacos de aquel cliente salido seguramente de algún cuento de terror. Sin embargo, Dalamar, presa de un ardor enorme y sin llenadera, logró retenerla y devolver su mancillado cuerpo a la senda del placer carnal en cada una de las ocasiones.

…:
 

…:
 

Después de aquellos siete encuentros mortales entre la Dama-Súcubo y el Santo Dorado de Acuario, Dalamar, atento, quiso confortarla, regalándole unos minutos para que retomara el aliento en tanto iniciaban lo que sería la “segunda vuelta”.

…:
 

Tiernamente, Dalamar se acurrucó junto a la doliente dama-súcubo, planeando dormir por tan sólo cinco minutos, todo mientras ella recuperaba fuerza para el siguiente “evento”. Sin embargo ella vigilaba la respiración del santo de Athena, esperando poder escapar a la primera oportunidad en aquel sueño fugaz de Dalamar.

…:
 

Cuando la doliente meretriz, aún temerosa, sospechó que aquel individuo insaciable dormía ya profundamente, sigilosa, con un paso casi élfico, se escabulló con cuidado pero con tremenda urgencia hacia la salida de aquel cuarto donde el abuso había rebasado todo límite conocido por ella.

…:
 

Sin embargo, Dalamar no dormía… Había estado atento de cada detalle y la salida de la dama sólo era para él un juego…

La cacería había comenzado…

…:
 
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MensajeTema: Re: EVENTO ÚLTIMO COSMO, OCTUBRE: La Decimotercera Casa del Santuario...   Jue Oct 13, 2016 3:07 am

CAPÍTULO VI

Dalamar deambulaba arrastrándose por los rincones del Templo de la Serpiente con un gesto de locura en el rostro. Hacía sólo algunos minutos que su “cacería” había dado comienzo y había puesto todos sus sentidos en encontrar a la Dama-Súcubo que jugaba con él a las escondidas para continuar su “fragorosa tertulia”.

…:
 

Lo cierto es que la dama no había pensado en jugar a nada aquella noche con él: sólo quería escapar a toda costa de aquel abusador sin llenadera. Había salido de la habitación directamente a la gerencia del templo, buscando asirse de la protección de los altos directivos del tugurio, alegando sobreexplotación y llorando como una magdalena.

…:
 

La supervisora iría a resolver los abusos de Dalamar, también a cualquier costo…

…:
 


ASMITA


El hombre considerado la reencarnación del dios Odín era en general un personaje tranquilo. Sin embargo, aunque aquella no era la primera vez que acudía de visita al Templo de la Serpiente se sentía nervioso. Sería tal vez que no estaba muy acostumbrado a sentir tanto calor agolpándose en su cara luego de todos los años vividos en las gélidas tierras de Asgard.

Deambulaba libremente por los pasillos de aquel santuario, buscando alguna chica bella dispuesta a satisfacer sus más ardientes deseos y, sobre todo, alguna que aceptara correr el riesgo de sufrir envuelta en el fuego de su deseo.

…:
 

Y es que aquello no era en sentido figurado, porque cada vez que a ASMITA le llegaba la “hora del amor” fuera de Asgard, el calor incontenible de su cachondería lo llenaba de un fuego abrasador, más ardiente mientras más intenso fuera el deseo.

…:
 

Cerca de ahí, una joven y bella meretriz se preparaba para no pasar ninguna “sorpresita” si se encontraba con alguno de aquellos cachondos insaciables recién llegados. Había ya escuchado los rumores de que la más fiera dama–súcubo del templo estaba siendo sobreexplotada y acosada por uno de aquellos clientes infernales y ella no sería la siguiente.

…:
 

Esperaba con una actitud fresca y sexy, posada encantadoramente junto a uno de los fríos muros de aquel paraje sombrío del templo, con sus encantos expuestos al aire inocentemente, esperando poder iniciar atinadamente su jornada.

…:
 

Fue entonces cuando ASMITA la vio, fresca y lozana junto al roído tapiz de un mugriento muro. Justo en ese momento sintió el flechazo del amor instantáneo encender la llama de su pasión, y abriendo los brazos la llamó a media voz, queriendo hacerla suya…

…:
 

Pero ella no contestó al llamado casi gutural del renacido dios nórdico: en vez de eso, la encantadora mujer preparó el contraataque… ¡Justo en aquel momento ASMITA se lanzó furiosamente hacia la joven planeando poseerla!

…:
 

En un certero movimiento de aquellas diestras manos, la seductora joven echó mano de un spray que contenía gas pimienta para repeler el ataque, logrando así huir de su cachondo agresor sin un solo rasguño.

Resignado y dolido en su amor propio, ASMITA apagó como pudo su fuego, para luego echarse a caminar cabizbajo por el pasillo, pensando que quizás la única forma de disminuir su mal contenida calentura sería recurrir a una “vieja conocida”…

…:
 

Mientras ASMITA trataba de encontrar algún apartado sitio para apaciguar él mismo su fuego, en un rincón logró mirar a una joven mujer con la cara demacrada por el cansancio. La dama le hacía dramáticos gestos que el reencarnado dios nórdico no alcanzaba a entender.

…:
 

Sin embargo, pensando que quizás así se coqueteaba en aquella parte del mundo, decidió corresponder el gesto de la misma manera…

…:
 

Y de pronto, la llama del amor se encendió…

La dama condujo a ASMITA a un sitio solitario, abandonándose ambos ahí al deseo ardiente de sus cuerpos, abrasados por la llama de una pasión inagotable…

…:
 

El problema vino cuando, al final de aquel ardiente encuentro de las carnes, ASMITA tuvo que escapar por la ventana luego de que no supo qué hacer al mirar que la llama de su pasión estaba interrumpiendo el plácido reposo de la que fuera su pareja…

…:
 


Dalamar había recorrido prácticamente todos los pasillos de la casa, lleno de una ansiedad irreconocible y presa de una expresión transformada a causa del fiero deseo de encontrar a su amante fugitiva.

…:
 

Podía sentir el aroma de su amante mezclado con el suyo muy cerca, y en su carrera atrabancada, pudo mirar entre las sobras una silueta femenina que salía a su encuentro decididamente…

...:
 

Aquella silueta pertenecía no a la amante que Dala buscaba, sino a la supervisora de las meretrices, la misma que había salido a buscarlo para aclarar las cosas… Sin embargo, Dala, fuera de sí, “sexoso” como estaba y pensando que aquella era la tan deseable Dama-Súcubo, se lanzó sobre ella para “hacerla suya” una vez más…

…:
 

…:
 

…:
 

Terminado aquel “intercambio carnal”, al recobrar el aliento, la dama le aclaró a aquel brioso caballero con una expresión muy cercana al agradecimiento, que ella no era la mujer que buscaba, pero que, si le permitía un segundito, iría a hablar con ella para que regresara a atenderlo como se merecía…

…:
 

Y aquella dama senil volvió sobre sus pasos, arreglándose el vestido, para entrar a la habitación aquella que hacía las veces de “vestidores”, donde la dama-súcubo aguardaba, temerosa…

…:
 


–¡Si serás tarada! –le gritó la supervisora a la Dama-Súcubo mientras le acomodaba un buen bofetón con la diestra¬– ¡Ese caballero es tan atento y tú lo desairas! ¡Te me largas ahorita mismo a atenderlo! ¡Deberías agradecerme que ya te lo dejé cansado!

…:
 

La traumatizada súcubo sólo atinó a escapar violentamente de aquella sala de vestidores, con la firme idea de huir lo más lejos posible de aquel cachondo sin llenadera y sobreexplotador…

…:
 

APÉNDICE
Afuera, Dala estaba perdiendo la paciencia. No le gustó para nada el haber gastado parte de sus energías en aquella viejita decrépita, pero ahora sabía dónde se ocultaba el objeto de su deseo…

…:
 


Dalamar caminó hacia la puerta de aquellos vestidores, dispuesto como estaba a revisar el lugar en cada centímetro si aquello era necesario… todo con tal de encontrar a su ardiente prófuga. Una vez adentro, Dalamar pudo mirar a la supervisora, reposando sus seniles carnes mientras que con la mirada lo invitaba a repetir el encuentro que tuvieran afuera, pero el Santo de Acuario sólo pensaba en una cosa: encontrar a su dama…

…:
 

Desfiló pacientemente frente a todas las puertas de los vestidores, abriendo cada una de ellas sonoramente sólo por aumentar la tensión del momento…

…:
 

Dalamar sabía bien ya dónde se escondía la dama que buscaba, porque podía sentir el aroma de “su amor” en el aire. Sus sonoros pasos resonaban truculentos en aquel silencio abandonado de los vestidores.

Finalmente, el jadeante caballero se detuvo frente al penúltimo cubículo, con la algarabía de que aquel juego erótico que él llamaba “la cacería” había terminado. Con suavidad abrió la puerta que lo separaba de su prófuga amante.

…:
 

–Vámonos, cariño… –le dijo tendiéndole una mano que parecía voraz–. Que la noche aún es joven…
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MensajeTema: Re: EVENTO ÚLTIMO COSMO, OCTUBRE: La Decimotercera Casa del Santuario...   Vie Oct 14, 2016 5:15 pm

CAPÍTULO VII

La noche avanzaba inclemente pero sin ninguna prisa en aquella mansión del placer…

…:
 


Mientras, los pasionales encuentros de la carne entre Dalamar y la Dama-Súcubo se sucedían uno tras otro sin tregua.

…:
 

Siguiendo la misma mecánica que inició aquel “fugaz amorío”, Dalamar se enfocaba en agotar los componentes en la lista del Kamasutra y la Dama-Súcubo sólo pensaba en escapar de las manos de aquel explotador sin fondo.

…:
 


Dalamar le daba a su ya agotada pareja tan sólo unos minutos para reponerse entre cada uno de sus "salvajes encuentros”, sin embargo, al final de cuentas, el siguiente “intercambio de la carne” era más agotador que el anterior, y las formas para avisar que el reposo había terminado eran más “enérgicas”.

…:
 


…:
 


También cada final era más violento que el anterior… Pero eso sólo renovaba los bríos de Dalamar, “El Insaciable”…

…:
 


…:
 


Ya sin excepción, cada vez que llegaba el violento “final” de aquellos furiosos “intercambios” eróticos, la hermosa dama espectral se esforzaba en escapar y Dalamar, al instante de recuperarse, partía tras ella colmado en su corazón por el amor a las deliciosas formas y maneras de su pareja de ultratumba.

…:
 


LORELEY

En realidad ser la única mujer entre los marinos del Dios Poseidón no era nada sencillo. Siempre hay “necesidades” que requieren atención en una dama y la gran mayoría de los habitantes de las profundidades realmente carecían de “potencial” para cubrirlas adecuadamente…

…:
 

…:
 

…:
 

Y el problema se agravaba debido a que los siete guerreros marina y el mismo Poseidón, quienes tenían piernas y muy probablemente “algo” entre ellas, siempre estaban entrenando y peleando por cualquier cháchara posible y no tenían tiempo de “atender” las “inquietudes” de la sirena Loreley. Y eso aumentaba enormemente su “ansiedad”…

…:
 

Por ello, una vez al mes, cuando el resto de sus amigos de parranda iniciaban la travesía hacia el “Templo de la Serpiente”, Loreley era la primera en llegar al lóbrego lugar de la cita para iniciar la excursión, esperándolos paciente y lista para disipar sus energías contenidas prudentemente durante un mes de “nada de nada” en las profundidades del océano.

…:
 

La noche de desatar su furia pasional había llegado, y Loreley deambulaba por la casona maldita sin ningún temor, mimetizándose en aquel ambiente de lujuria insana, sólo esperando el momento en el cual pudiera encontrar a algún cliente guapo y tímido, del cual pudiera hacer un buen “uso”.

…:
 

Aquel había sido un mes de larga espera, estresante en más de un sentido, así que Loreley estaba dispuesta a aplicar todas las técnicas de ligue que había desarrollado en las visitas previas a aquel tugurio de perdición… esa debía ser una noche épica.

En aquellos momentos de “urgencia”, Loreley odiaba el escarceo previo al “intercambio canal” formal y siempre trató de evitarlo a toda costa, por ello había desarrollado “técnicas rápidas” que le permitían pasar directamente a “la acción”.

Primera víctima
Loreley odiaba profundamente el escarceo, ese coqueteo que ella consideraba inútil cuando la punzada del deseo pica fuerte en el corazón y en la mente. De esta manera, Lore prefería que alguien “calentara” por ella a sus víctimas y para ello no había nada mejor que suplantar en el momento justo a las damas del templo.

…:
 

Sigilosamente entró a una habitación en el segundo piso de la casa. El cuarto estaba en completa obscuridad y el macho machín que sería la víctima de Loreley se encontraba en el baño, preparando los últimos detalles antes de disfrutar sin frenos de la meretriz con la que había llegado a un razonable trato. Lore sigilosamente entró en la cama, aprovechando la cegadora oscuridad que lo envolvía todo, y fingiendo una voz lo más viril que pudo, dijo, casi en un susurro:

–Acércate, chiquita… No tengas miedo… ¡Ya te traigo ganas!

La dama que esperaba al hombre en la cama, confusa de escuchar tan cercana la voz del hombre al que no había sentido llegar, comenzó a buscarlo sobre la sábana…

…:
 

En un movimiento rapidísimo, y sin darle tiempo a la joven meretriz siquiera de gritar, Loreley ató fuertemente a la dama, amordazándola con su propia ropa, y luego lanzándola bajo la cama inconsciente por el susto.

Ya sólo faltaba esperar a que el desprevenido cliente saliera del baño, dispuesto a “atender” a Loreley, sin rodeos. Y fue justo en ese instante que lo escuchó salir, bailando sensual como garañón ardiente:

…:
 

–¡Agárrate, chiquita! –le dijo el caballero con los dientes apretados–. ¡Te va a doler todito cuando termine contigo!

"Al que le va a dolor todito va a ser a ti, corazón…", pensó Loreley, esperándolo con sus ansias incontenibles bajo la sábana…

Segunda víctima

El “cachondómetro” de Loreley seguía en números rojos, casi casi llegándole al negro en el tope de la escala…

…:
 

Necesitaba más porque había dejado literalmente inservible al primero de sus víctimas y aún sentía la punzada del deseo haciendo estragos en su interior…

En una habitación contigua, mientras deambulaba sigilosa buscando una nueva presa, la ansiosa Loreley alcanzó a divisar a una mujer de pie, la cual suavemente se despojaba de sus atavíos mientras su deseoso amante esperaba por ella en la cama, mirándola con una lascivia sin límites…

Ya no era momento de suplantar… había llegado el momento de arrebatar…

…:
 

Loreley lanzó fuera de la habitación a la joven sin miramientos, y cuando el hombre sorprendido quiso saber lo que ocurría, la hermosa sirena utilizó sus seductores encantos sobre él. El hombre aquel, ante tan bella visión, sintió que el deseo se le encumbraba de nuevo y con mayor fuerza… aquel cambio súbito en sus “servicios” seguro le beneficiaría… o tal vez no…

…:
 

Tercera víctima

Consumado aquello y abandonando el cuerpo exhausto de su víctima, la joven sirena decidió comenzar a jugar en serio luego de aquellos dos primeros “aperitivos”. Las buenas maneras habían llegado a su fin y ahora deambulaba cautelosamente olfateando el aire en busca de hombres cachondos y abusables.

…:
 

Percibía el aroma a macho querendón claramente, incluso podía ubicarlos a través de la densa oscuridad, a través de la bruma… a través de las paredes…

…:
 

Loreley sintió la huida del hombre capturado y se apresuró a romper el muro que la separaba de un nuevo “rapidín” con el ya no tan cachondo cliente del Templo de la Serpiente. No dejaría escapar ese cuerpo abusable… apachurrable…

…:
 

Loreley se “sirvió” lo mejor que pudo con aquel ejemplar masculino que había capturado, aunque en realidad no era un cliente común, sino que se trataba de KickTwine, el Patriarca del Santuario, que se encontraba por allí de visita furtiva.

…:
 

Al menos Loreley ya no los dejaba moribundos… el “cachondómetro” seguía bajando…

…:
 

Cuarta víctima

Ya un tanto fatigada y complacida, Loreley se dispuso a darle fin a su aventura. Acalorada con el trajín de sus más recientes “encuentros”, la sirena decidió refrescarse en una de las tinas de hidromasaje de aquel centro nocturno. Su elemento. Aquel refrescante descanso tenía la ventaja de que a las tinas del templo siempre llegaban hombres curiosos, todos ellos buscando mujeres con camisetas mojadas. Ella la tendría, y también allí abusaría desenfrenadamente de su víctima final.

Se acurrucó en una de las tinas a refrescar su sexy humanidad, cocodrileando mientras tanto por si algún fulano cachondo y desprevenido se acercaba a ella…

…:
 

Y no pasó mucho tiempo hasta que la viril presa se presentó…

…:
 

A Loreley sólo le quedaba fuerza para un solo polvazo… Había que aprovecharlo…

…:
 

Ese último encuentro había estado un tanto salvaje a pesar de que el “cachondómetro” ya andaba por el número 18. Sin embargo, la sirena de Poseidón se encontraba ya lista para soportar un mes más de encierro y soledad en las profundidades del mar, animada sólo por la promesa de que pronto volvería por más de aquello al sagrado Templo de la Serpiente.

…:
 

APÉNDICE
La negrura de la noche había alcanzado su punto máximo y el amanecer estaba cercano ya. Lo que parecía una interminable persecución entre el cazador y su presa estaba por llegar a su forzado fin. La sensual y talentosa Dama-Súcubo estaba exhausta, refrescándose un poco luego de la refriega de “ponerle durísimo” por enésima vez con el santo acuariano.

…:
 

Sin pensárselo mucho, la adorable y fatigadísima Dama-Súcubo escapó por la ventana mientras Dala esperaba “inquieto” en la cama por la llegada de aquella “ricura espectral”. El caballero atheniense quería tirarse un último “polvazo” antes de que el alba lo alejara de aquella irresistible y tan resistente meretriz. Con las piernas temblorosas, la atormentada súcubo escapó sigilosa, logrando esconderse en un rincón obscuro del ático con la esperanza de que la llegada de la luz de la mañana se llevara consigo a su verdugo sexual.

…:
 

La mujer espectral se mantenía inmóvil, casi sin respirar, esperanzada en que ahí el largo brazo de la “calentura” del tunante aquel no la alcanzaría…

Pero el alba se acercaba, y aún el erótico suplicio no había terminado…

…:
 

El último minuto también tiene 60 segundos…

…:
 
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MensajeTema: Re: EVENTO ÚLTIMO COSMO, OCTUBRE: La Decimotercera Casa del Santuario...   Lun Oct 17, 2016 1:22 am

CAPÍTULO FINAL
El alba comenzaba a acercarse para abrirle paso a la claridad de un nuevo día, poniéndole fin a aquella noche de perdición y lujuria en el Templo de la Serpiente.

…:
 

Dalamar, aún sobre el lecho, ya sin fuerzas en su ser, sabía que el momento de la despedida estaba próximo.

…:
 

Ahora era necesario volver al decimoprimer templo del Santuario Atheniense antes de que el resto de los santos dorados hicieran preguntas incómodas cuando lo vieran subir las escaleras casi arrastrándose por lo exhausto que estaba. Había llegado el momento de la despedida, así que Dalamar prontamente se vistió, despojándose antes del abrazo agotado aquel en que lo envolvía la dulce Dama-Súcubo. Era conveniente despedirse de ella lo antes posible, pues debía llegar a la puerta del Templo de la Serpiente listo para retirarse con sus camaradas.

Sin embargo, confuso y triste por la nostalgia de la despedida, el caballero sólo atinó a decirle una temblorosa frase, con el corazón hecho una vorágine de emociones: “Te agradezco mucho… me lo pasé muy bien. Quizás podamos vernos en otra ocasión…”

…:
 


Y sin dar tiempo de ninguna réplica, Dalamar se marchó.

…:
 

El santo atheniense era consciente de que no había tiempo ya para perder, aunque una parte de él se quedaba con la hermosa dama espectral. Salió corriendo de la habitación, envuelto en una profunda nostalgia, sólo se le podía mirar murmurando en tímido “Adiós…” mientras apresuradamente corría al encuentro de sus compañeros.

…:
 

Ya afuera del templo, y nuevamente ataviado con su negra túnica, el líder de la casi finalizada expedición, Galgo, se encontraba ya fuera del templo, luciendo una sonrisa discreta aunque difícil de disimular. En su mano derecha firmemente apretaba el asa de un portafolios viejo y carcomido por los años, sólo esperando a que sus “complacidos” compañeros se reunieran en aquel claro de bosque para dirigirse cada quien a sus correspondientes reinos.

…:
 

GALGO


La noche del líder del grupo había sido igualmente agitada que la de sus compañeros de excursión, sin embargo, sus “movimientos” a la hora de generarse placer habían sido algo “distintos”…

Como organizador de aquellas excursiones que acercaban al “turismo” hasta el templo, Galgo recibía de manos del Guardián una comisión jugosa y agradecida una vez por mes…

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Mientras se encontraba en la pista bebiendo con sorbos lentos y ansiosos algún exclusivo trago, Galgo todo el tiempo sentía una emoción doble al mirar a las chicas en paños menores bailando y, al mismo tiempo, recogiendo los puños de dinero que pronto engordarían el maletín que siempre llevaba consigo a aquellos lúdicos eventos.

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Además, El Guardián, siempre agradecido de ver su recinto lleno de hombres dispuestos a dejar sus dólares sin protestar, le daba algunos privilegios al sagaz Galgo, permitiéndole en acceso a la zona y a las chicas más VIP de aquel sagrado lugar…

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Para el joven Galgo, aquellas noches de aventura calenturienta siempre eran de “ganar, ganar”, entre todos ellos, él era el único que salía de ahí “complacido” y con el bolsillo lleno, porque la mayoría de ellos salía “más calenturiento” y hecho un miserable… ¡Ganar ganar…!

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Finalmente, uno por uno, el grupo apareció completo en el claro del bosque parcialmente iluminado por el alba creciente. Entre ellos estaba incluido Hyo Asakura que el cuanto despertó corrió, pero no a buscar a la chica sexy que lo enviara al “País de las Maravillas”, sino a la cocina, a buscar tenedores y cuchillos para hacerse una prótesis y evitar la vergüenza de los demás se fijaran en que había perdido algo más más sus los billetes en aquella noche loca.

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A una señal de Galgo, ya vestidos todos nuevamente con las oscuras túnicas, el grupo abandonó el Templo de la Serpiente sin protestas y con paso firme, seguidos aún por la complacida mirada del Guardián que los miraba alejarse sin proferir alguna palabra.

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Ninguno de ellos lo dijo nunca, sin embargo, cada uno, bajo la conveniente protección de su capucha, lloraba amargamente…

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Lloraban gruesos goterones porque entre “bailecito”, trago y “privado”, y todas esas ondas en las que habían estado entretenidos toda la noche, todos ellos se habían quedado sin un solo centavo. Ahora tocaba vivir como vagos el resto del mes…

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Y fue así que llegó a su fin aquella invasión al decimotercer templo del Santuario… Aunque no sería la última invasión… El siguiente fin de mes estaba próximo y todos ellos lo esperarían con fe infinita en sus corazones.

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EPÍLOGO

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La noche había caído fría y casi por completo ya sobre el Templo de Acuario. A unos metros de la entrada, con una ansiedad creciente, una figura esperaba que el último aliento del sol se perdiera por completo. La misteriosa persona se consumía en ansias, con un desesperado deseo de que la oscuridad llenara ya de una vez por todas la antiquísima escalinata que llevaba hasta el templo de Acuario y todos los alrededores.

…:
 

La Dama-Súcubo aguardaba impaciente, pero decidida, a una distancia prudente de la única entrada al onceavo recinto hacia la cámara de Athena… Algo había dejado Dalamar en ella durante aquella frenética “cacería” de la otra noche y había llegado el momento de devolverle la cortesía.

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Era la ley de la reciprocidad en la cual se basan la mayoría de las cosas en este mundo… hasta los más despiadados espíritus que habitan en él lo saben. Ya sólo quedaba un minuto para que comenzara aquello que sería su propia “cacería”, una con sus propias reglas…

Aquel era el último minuto de espera… también con 60 segundos… Su cacería casi estaba comenzando…

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ROL OFF

A todos los que se dieron el tiempo de leer este trabajo kilométrico les agradezco mucho. Ojalá haya sido de su agrado de principio a fin.

Un agradecimiento especial nuevamente a Dala, por su tiempo y por ayudarme con todo esto.

Finalmente, mi reconocimiento a mi amigo Galgo y a todos los que tuvieron un lugar en este relato tan largo, todos ellos me han enseñado algo tanto del seiya como de la vida.

Salud y un abrazo!
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MensajeTema: Re: EVENTO ÚLTIMO COSMO, OCTUBRE: La Decimotercera Casa del Santuario...   Hoy a las 6:51 pm

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